Historias Notas

En Puebla: Fátima y Sergio regresan a casa

Por: Aranzazú Ayala Martínez*

En medio de la pandemia del Coronavirus, donde muchas cosas han tenido que detenerse, hay una que sigue su curso: la búsqueda de personas desaparecidas. 

Familiares de colectivos han insistido en que, pese a que algunas acciones han tenido que suspenderse o modificarse momentáneamente, no se puede dejar de buscar, por lo que han usado otras técnicas como el rastreo en redes sociales.

La prueba de ello es que el colectivo “Voz de los desaparecidos en Puebla” encontró a dos personas: Fátima y Sergio, quienes regresaron a sus casas en Puebla desde Sonora y el Estado de México. La familia de Fátima es parte del colectivo pero la de Sergio no, y aún así la organización ciudadana de familiares en búsqueda permitió el hallazgo de dos personas. Fue gracias al apoyo de ciudadanos anónimos aportando datos y de gente solidaria que dos personas dejaron de ser estadística y retomarán poco a poco sus vidas.

A un día de que Fátima García Hernández cumpliera 10 meses desaparecida, llegó la noticia: ya sabemos dónde está. La familia de la adolescente de 13 años, que desapareció el 21 de junio de 2019 en Huejotzingo, Puebla, viajó a otro estado en una misión para regresarla a casa.

94009659_2400385190222420_8089899449834274816_o.jpg Foto de Fátima subida al Facebook del Colectivo “Voz de los desaparecidos en Puebla”.

Fátima es una adolescente que está en el grupo de edad más vulnerable para las desapariciones en Puebla, mujeres de 13 a 17 años de edad. La mayoría no regresan a casa, pero ella sí.

María Luisa Núñez Barojas, fundadora del colectivo “Voz de los desaparecidos en Puebla”, dice que las redes sociales fueron una herramienta muy útil para localizar a Fátima, pues con la difusión de la foto de la adolescente recibieron varias pistas anónimas.

La Fiscalía General del Estado de Puebla intervino sólo en la última etapa por la presión que hizo el colectivo: metió un escrito y también aportó pruebas recabadas por la propia familia para que fueran investigadas y confirmadas.

La familia de Fátima es parte del colectivo “Voz de los desaparecidos en Puebla”, fundado en agosto de 2018. Fue gracias a la labor de acompañamiento, presión y búsqueda de los familiares que lo integran que Fátima regresó a casa el lunes 20 de abril de 2020.

Para hacerlo, la decisión tuvo que tomarse en menos de una hora, cuando se confirmó la ubicación de la adolescente. En esos instantes de reacción rápida, ninguna autoridad apoyó a la familia.

La Fiscalía de Puebla sí les atendió al final, pero no podía actuar fuera de su jurisdicción, y como la misión era en el Estado de México, se necesitaba que las autoridades mexiquenses dieran el acompañamiento.

La Fiscalía de esa entidad tardó en responder, solo dijeron que podían llegar en dos horas, pero la adolescente y su familia ya iban camino a Puebla.

Los familiares tuvieron que contratar un Uber desde Huejotzingo, donde está el aeropuerto de Puebla, hasta el Estado de México, y de regreso. El gasto corrió por cuenta de cooperación individual: nada de CEAV, nada de Comisión Estatal de Búsqueda, nada de fiscalías.

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Foto de Fátima subida al Facebook del Colectivo “Voz de los desaparecidos en Puebla”  

“Esto es un logro de la familia, estuvimos acompañándola, pero también es una satisfacción nuestra, del colectivo, porque hicimos lo que estaba a nuestro alcance”, dice María Luisa.

Sergio también regresa

Pero el que Fátima esté ya en su casa no es la única buena noticia. Dos días antes, Sergio, poblano desaparecido hace 4 años, se reunió con su familia.

Es originario de la Sierra Norte de Puebla, de Xicotepec de Juárez. Hace cuatro años fue con su papá y su hermano a Chihuahua a trabajar en el campo, y ahí desapareció. 

Durante todos estos años su familia regresó varias veces a buscarlo, recorriendo más de mil 200 kilómetros en cada viaje. 

La madre y el padre de Sergio, habitantes de una comunidad indígena nahua, fueron estafados, chantajeados, y al final creían que el joven estaba muerto porque les enviaron un supuesto certificado de defunción.

Una persona se contactó con el colectivo por redes sociales para darles una noticia: tenían el dato de que un joven de Puebla estaba en Hermosillo, Sonora, en situación de calle. 

Esta persona lo acogió en su casa, le dio apoyo para alojarlo y darle cuidados generales. El hombre se llama Juan Manuel Moscoso, quien buscó al colectivo para encontrar a la familia de Sergio.

Así pasó, pero tuvieron dificultades para demostrarle a la familia que en verdad se trataba de su hijo desaparecido. Su madre ya había recibido varias veces la noticia de que estaba vivo, sólo para ser chantajeada. Después de gastar en viajes a Chihuahua para buscar a Sergio y perder dinero por caer en fraudes, la familia de Sergio ya lo creía muerto porque habían recibido un supuesto certificado de defunción del joven. 

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Sergio con el Comisionado Estatal de Búsqueda de Sonora. Cortesía “Voz de los desaparecidos”

Las tres semanas previas al reencuentro con Sergio fueron una odisea; primero, juntar dinero para comprar los boletos de avión de Hermosillo a la Ciudad de México. Después, porque personas cercanas a la familia tuvieron que ir hasta la comunidad donde viven, dentro del municipio de Xicotepec de Juárez, para enseñarle videos de Sergio a su mamá, y así lograr convencerla de que sí estaba vivo. 

Después de todo eso, el viaje tuvo que posponerse.

La contingencia por COVID-19  provocó que la aerolínea aplazara de forma indefinida el vuelo en el que irían el Comisionado de Búsqueda de Sonora, Luis González, y Sergio. La fecha se movió un par de veces y después tuvieron que pensar otra alternativa para que no pospusiera más el regreso a Puebla.

El colectivo encontró en el sobrino de María Luisa una opción: maneja un tráiler y en esos días pasaba cerca de Sonora y su ruta llegaba hasta Apizaco, Tlaxcala. Fue así que el Comisionado Luis González, quien acompañó el caso de Sergio, fue por él a la casa del señor Juan Manuel y lo llevó a un punto a dos horas de Hermosillo, donde lo vio subirse al tráiler.

El sábado 18 de abril, casi a las 4 de la tarde, la mamá de Sergio lo abrazó. Una vez más, después de creer que lo había perdido para siempre.

Estos dos encuentros son historias, dice María Luisa, de éxito, de vida, de esperanza, de fe, para fortalecer. Son buenas noticias que le han dado alegría no sólo a las familias de Fátima y Sergio sino a todo el colectivo.

María Luisa cuenta que tenía mucho tiempo de no sentir felicidad: desde hace tres años, cuando desapareció su hijo Juan de Dios Núñez Barojas junto con sus amigos Abraham y Vicente Basurto Linares en el municipio de Palmar de Bravo, en la zona de robo de combustible, en el centro del estado. 

Pero el que Sergio y Fátima estén reunidos con sus familias le dio felicidad y también esperanza de que pronto sean otros hijos y otras hijas que regresen a casa.


*Periodista poblana interesada en Derechos Humanos y movimientos sociales. Reportera en Lado B, colaboradora en A dónde (lle)van (a) los desaparecidos.

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