Con-Ciencia

“Si tan sólo me hubieran dejado tocar su cráneo”: Saberes forenses de las madres de desaparecidos

Las madres son especialistas en el conocimiento del cuerpo de sus hijos e hijas, en sus historias médicas y en sus prácticas cotidianas, que forman parte de lo que las ciencias forenses denominan la información antemortem.


Por R. Aída Hernández Castillo (CIESAS-GIASF)*

Fotografías: Grupo de Investigación en Antropología Social y Forense (GIASF)

En los últimos dos años me ha tocado acompañar el caminar de organizaciones de familiares de desaparecidos, constituida mayoritariamente por madres y esposas, que ante la incapacidad del Estado mexicano se han dado a la tarea de buscar los restos humanos de sus familiares en fosas clandestinas.

Al igual que pasó con las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, o con el Grupo de Apoyo Mutuo en Guatemala, son mayoritariamente las madres quienes se han movilizado en la búsqueda de sus hijos, politizando sus identidades maternas para convertir a todos los desaparecidos y desaparecidas, en sus hijos e hijas. Las camisetas rotuladas usadas en las marchas o en las jornadas de búsqueda han cambiado de “Te buscaré hasta encontrarte” por “Los buscaremos hasta encontrarlos”. Su identidad como “madres” ha sido movilizada políticamente para obtener la solidaridad de la sociedad civil, el apoyo logístico de las instituciones locales y lo que consideran una “relativa protección” ante los grupos del crimen organizado que controlan la zona. (1)

Las madres son “especialistas” en el conocimiento del cuerpo de sus hijos e hijas, en sus historias médicas y en sus prácticas cotidianas, que forman parte de lo que las ciencias forenses denominan la información antemortem. Mediante la búsqueda se han convertido también en especialistas en el análisis del contexto de violencia que hizo posible su desaparición. Una de las madres de Sinaloa, me compartía que cuando encontraron el cuerpo de su hijo, los técnicos forenses de la fiscalía no le habían permitido acercarse ni tener ningún contacto físico con sus restos, por lo que tuvo que esperar varios meses antes de recibir los resultados de los análisis de ADN.

Taller de memoria con Las Rastreadoras del Fuerte. Foto: GIASF.

Ella estaba convencida que si le hubieran permitido tocar el cráneo de su hijo, lo hubiera podido reconocer con el tacto. “Mis dedos conocen cada centímetro de esa cabeza, la he visto y sentido transformarse desde que lo tomé por primera vez en mis brazos cuando nació. No sabes cuantas veces acaricié su cabeza cuando se recostaba en mis piernas”  me argumentaba. Cuando compartí esta historia con una colega antropóloga física forense, sonrió incrédula ante lo que le pareció una anécdota sentimental más sobre las historias de los familiares de desaparecidos. La convicción de la madre y la incredulidad de la antropóloga física, me hicieron reflexionar sobre las jerarquías de saberes que se han establecido en el campo forense y sobre la necesidad de reconocer los conocimientos y experiencias de los familiares en cualquier proyecto de verdad y justicia que se impulse.

En el momento histórico que estamos viviendo en México, en donde parecen abrirse algunos espacios para la búsqueda de la justicia, resulta prioritario escuchar a quienes más experiencia tienen en la búsqueda y el hallazgo de personas desaparecidas: las organizaciones de familiares. Ante la tentación de exportar modelos de justicia transicional que no consideran las especificidades históricas, culturales y regionales, los conocimientos locales de los familiares son fundamentales no solo para la búsqueda y la identificación de los y las desaparecidas, sino para el desarrollo de formas alternativas de justicia transformadora.

Como académicas comprometidas con la justicia social, tenemos la responsabilidad de confrontar las jerarquías de conocimiento que se han establecido con el llamado “giro forense” (2)  que ha institucionalizado una pirámide de saberes que tiene en la punta a la genética, seguida por la antropología física y la arqueología y en la parte más baja de la pirámide a las ciencias sociales. El conocimiento científico se ha impuesto por sobre los saberes locales de los familiares,  que son vistos como meros “testimonios de víctimas secundarias”.

En nuestra experiencia trabajando con una organización de madres  y esposas de desaparecidos conocida como Las Rastreadoras de El Fuerte, hemos realizado Talleres de Memoria que han sido fundamentales para la documentación de sus hallazgos y la posterior georreferenciación de las fosas que han encontrado. Estos espacios nos han permitido reconocer el profundo conocimiento que las integrantes de esta organización, tienen no solo de la geografía física del norte de Sinaloa, sino también del contexto político y social que posibilita y reproduce la violencia. Paralelamente a la elaboración de mapas se han compartido conocimientos en torno a los orígenes y manifestaciones que tienen las distintas violencias en los territorios.

Apropiándose de los conocimientos forenses obtenidos en los múltiples espacios de confluencia y formación del movimiento de familiares de desaparecidos, y utilizando sus saberes locales en torno a la geografía de la violencia, Las Rastreadoras, han empezado a desestabilizar las jerarquías de conocimiento establecidas por el “giro forense”, legitimando sus propios saberes.

Sólo a partir de un diálogo respetuoso que reconozca las distintas experiencias y conocimientos, así como las diferentes maneras de ser y estar en el mundo y las diversas formas de imaginar la justicia, podremos contribuir a la construcción de una agenda de paz integral e incluyente que tan urgentemente necesita nuestro país.


*El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna, Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador y estudiantes asociados a los proyectos del Grupo (Ver más: www.giasf.org


(1) Esta postura asume la existencia de algún tipo de reserva ético-moral en los perpetradores de la violencia, que respetaran la figura de la madre. Sin embargo la “pedagogía del terror” ha cruzado todos los límites éticos y morales, el respeto a “la madre mexicana” no es parte ya en los códigos de actuación de los sicarios, ni de las fuerzas de seguridad con las que están coludidos. Las madres de los desaparecidos están siendo centro de la violencia, como lo demuestran los asesinatos de Marisela Escobedo en Chihuahua, Sandra Luz Hernández en Culiacán, Miriam Rodriguez en Tamaulipas, y  Cornelia San Juan en Estado de Mexico, por nombrar los casos más conocidos.

(2) El término en inglés que se ha popularizado es el de “forensic turn” para una reflexión crítica sobre este paradigma se puede consultar el trabajo del antropologo español Francisco Ferrandez en politicasdelamemoria.org

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