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La búsqueda de las madres centroamericanas: Una apuesta por la vida en el país de fosas

Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desparecidos. Ciudad de México, 4 de noviembre de 2018. Foto: Movimiento Migrante Mesoamericano


Por Sandra Odeth Gerardo Pérez / GIASF*

Desde hace catorce años la Caravana de Madres Centroamericanas, conformada también por hermanas e hijas de migrantes desaparecidos de El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, transita por México para reencontrarse con quienes les fueron arrebatados hace años. Con el apoyo de sus aliados, estas mujeres van buscando a sus seres queridos en bares, cárceles, burdeles, hospitales, caminos o siguiendo las vías del tren, dando cuenta del continuum de violencias que viven las y los migrantes en su camino. Pero la búsqueda de la Caravana no es sólo el acto físico de ir rastreando indicios que ayuden a dar cuenta del paradero de las y los desaparecidos, sino que es un proceso integral en el que las madres y demás mujeres van exigiendo que se reconozca el problema de la desaparición de las y los migrantes en tránsito por México, a la vez que van reivindicando los derechos de quienes por diferentes motivos siguen saliendo de sus lugares de origen. Con su andar, la Caravana de Madres Centroamericanas amplía el concepto de búsqueda al hacer visible el vínculo entre desaparición forzada y las violencias vividas en el proceso migratorio.

En noviembre de 2018, el alcance político de la búsqueda de la Caravana de Madres Centroamericanas se hizo más visible; por un lado, gracias al encuentro que sostuvieron con madres, esposas y hermanas de España, Italia, Argelia, Túnez, Senegal, Marruecos y Estados Unidos en la Cumbre Mundial de Madres de Migrantes Desaparecidos que se llevó a cabo en la Ciudad de México del 3 al 5 de noviembre de 2018. Y por otro lado, porque su caminar se cruzó con la primera “Caravana migrante” ó –Éxodo migrante– que acuerpó a casi 7 mil personas, quienes hicieron una movilización colectiva desde varios países centroamericanos, pero principalmente de Honduras.

Respecto a estos eventos, las mujeres hondureñas que caminaron en la Caravana de Madres compartieron su sentir en las reuniones/talleres que los cinco Comités de Familiares de Migrantes Desaparecidos de Honduras(1) sostuvieron a finales del año pasado. Destacaron que en el encuentro con las mujeres del mundo, se compartió no sólo el dolor frente a la desaparición, sino las acciones que se han llevado a cabo en diferentes latitudes para encontrarles y las propuestas que se tienen para evitar que las desapariciones sigan sucediendo. Fue así como la Cumbre de Madres se convirtió en un espacio de aprendizaje y construcción de comunidad. Reconocieron lo importante que había sido escuchar la palabra de las mexicanas que rascan la tierra y encuentran en fosas a quienes podrían ser sus hijos. Y es que, aun cuando la agenda de la Caravana de Madres Centroamericanas ha priorizado la búsqueda en vida, saben que -como han dicho las mujeres del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos del Progreso (COFAMIPRO)- “México es una gran fosa clandestina de migrantes”.

Reunión anual del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos Amor y Fe (COFAMIDEAF), Tegucigalpa, diciembre de 2018.
Foto: Sandra Gerardo Pérez

También narraron lo impactante que había sido escuchar a aquellas que tenían a sus hijas e hijos desaparecidos en el mar. Conocer las experiencias de las madres del otro lado del mundo, les sirvió para identificar que la migración por motivos económicos o violencias extremas sucede en todo el mundo y para reconocerse como parte de una comunidad política más amplia forjada sobre el dolor que envuelve al fenómeno de la desaparición. Escuchar las experiencias de lugares tan distantes, también abonó a la exigencia del cese a la criminalización de las migraciones en todo el mundo. Fue ahí que compartieron fragmentos clave del Manifiesto de las Madres, resaltando sus exigencias: el cese a la separación de las familias como resultado de la migración forzada y deportaciones, garantía del libre tránsito a personas migrantes, sus familias y a quienes les buscan.

Estas últimas palabras resonaron de manera especial tanto en las madres mexicanas como en las hondureñas, ya que la Caravana de Madres Centroamericanas llegó a la Ciudad de México casi una semana después de que lo hiciera la primera caravana de desplazadas y desplazados de Centroamérica. La paradoja de este cruce de caravanas fue esperanzadora: las mujeres buscadoras venían detrás de aquellos que podrían desaparecer, pero que en la migración conjunta habían apostado por vivir. Dos movilizaciones por la vida se cruzaban en el país de las fosas.

Reunión de Comités de Familiares de Migrantes Desaparecidos.
San Pedro Sula, diciembre de 2018. Foto: Sandra Gerardo Pérez

Así, con su caminar, las mujeres centroamericanas se han vuelto las expertas no sólo en lo que la búsqueda de personas desaparecidas se refiere, sino que son ellas mismas las expertas en materia migratoria y en defensa de derechos humanos: “Migrar es un derecho. No migrar también lo es”, como señalaron en su manifiesto. Son ellas, quienes con cada paso, cada palabra y cada acción hacen una crítica mordaz a la política migratoria de países como México y Estados Unidos. Crítica que se vuelve urgente en el momento histórico que vivimos, en donde los gobiernos de Estados nacionales alrededor del mundo han hecho oídos sordos a los gritos de las familias de personas migrantes desaparecidas y han respondido con cercos policiales, levantado muros e integrando grupos armados que sirven de frontera. La búsqueda en campo de las madres, hermanas y esposas de Centroamérica es una demanda por la verdad y la justicia, así como una estrategia política de dignidad en un mundo de xenofobia y políticas migratorias restrictivas.

Al momento de publicación de este artículo, nuevas caravanas de personas desplazadas de Centroamérica siguen intentando cruzar México y llegar a Estados Unidos, en un contexto político aparentemente diferente, pero donde las estrategias de gubernamentalidad migratoria dispuestas por el nuevo gobierno mexicano han demostrado continuidad con el discurso de criminalización de la migración, a la vez que han servido para dispersar la movilidad conjunta, aquella estrategia de vida por la que habían apostado las caravanas anteriores. Al mismo tiempo, nuevas madres, hermanas, esposas e hijas se preparan para la búsqueda en la siguiente Caravana. Escucharlas, mirarlas y aprender de ellas quizá sea la única manera de desactivar el odio y evitar más dolor en el país de las fosas.


*El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna, Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador y estudiantes asociados a los proyectos del Grupo (Ver más: www.giasf.org


(1) Comité de Familiares de Migrantes desaparecidos del Progreso (COFAMIPRO), Comité de Familiares de Migrantes del Centro de Honduras (COFAMICENH), Comité de Familiares de Migrantes desaparecidos Amor y Fe (COFAMIDEAF), Comité de Familiares de Migrantes Guadalupe (COFAMIGUA) y el más joven en proceso de consolidación en del municipio de Pespire del departamento de Cholulteca.

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