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Recorrido por un campamento de exterminio de Los Zetas

“Esto que parece una piedra es un hueso. Ahorita el antropólogo nos va decir. Mírelo bien, porque el hueso brilla y las piedras no brillan”, dice Graciela Pérez con la mano extendida hacia Alejandro Encinas.

Por Carlos Manuel Juárez*

Gómez Farías, Tamaulipas.- “Esto que parece una piedra es un hueso. Ahorita el antropólogo nos va decir. Mírelo bien, porque el hueso brilla y las piedras no brillan”, dice Graciela Pérez con la mano extendida hacia Alejandro Encinas. El subsecretario de Gobernación baja la cabeza para observar. La mujer coloca el fragmento en un recipiente junto a otros pedazos similares. La búsqueda sigue. 

Hoy es viernes 22 de febrero, invitado por el colectivo “Voz y Dignidad por los Nuestros”, el subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población de la Secretaría de Gobernación (Segob), Alejandro Encinas Nájera, recorre la ‘cocina’ -según la jerga de los cárteles- del rancho El Papalote, uno de los lugares donde la barbarie nubla la exuberante belleza del medio ambiente.

Colectivos de familiares de personas desaparecidas en Tamaulipas han encontrado 47 centros clandestinos de incineración de cuerpos, también llamados ‘cocinas’. Las indagatorias señalan a Los Zetas como los responsables de asesinar y calcinar a mujeres y hombres en predios rurales de la zona de El Mante. Los grupos han localizado los campamentos siguiendo la pista de declaraciones de presuntos delincuentes, preguntando a policías, recorriendo los ejidos en los municipios de Xicoténcatl, Gómez Farías, Ocampo y Llera de Canales.

Familiares de personas desaparecidas junto con autoridades federales realizan búsqueda en el Rancho el Papalote ubicado en el Mante Tamaulipas.
Foto: Carlos Manuel Juárez

El recorrido de Encinas

El Mante es un municipio pequeño y epicentro de la violencia de la región. Por ello, el subsecretario arribó a Tampico el jueves 21 de febrero. Conoció el estatus legal del caso El Papalote en una reunión privada que terminó pasada la media noche. Durmió en un hotel protegido por elementos de la delegación de la Fiscalía General de la República. 

A la mañana siguiente, Encinas Nájera; el delegado estatal de la Fiscalía, Federico González Scott; y representantes de los colectivos “Voz y Dignidad por los Nuestros” y Milynali Red CFC viajan en una camioneta blindada de Tampico a El Mante. El convoy de diez vehículos es custodiado por elementos de la Secretaría de Marina Armada de México (Semar).

En hora y media llegan al municipio, paso obligado a la frontera con Estados Unidos de América. La vida económica de El Mante se divide entre los agricultores de caña, los comerciantes y empresarios militantes del PAN. En estas localidades Los Zetas todavía aterrorizan a la población. El secretario general de gobierno, César Verástegui Ostos, -oriundo de Xicoténcatl- tiene el control de los ayuntamientos y oficinas del gobierno estatal. La vida política y delictiva aparentemente marcha con normalidad. 

Aspectos de El Mante Tamaulipas, municipio donde se encontraron un centro clandestino de incineración de aproximadamente media hectárea
Foto: Carlos Manuel Juárez.

La comitiva se concentra en el hotel El Mante para la integración de más elementos de seguridad. Familiares del colectivo Milynali Red CFC, presidido por Graciela Pérez Rodríguez, se suman por tratarse de casos de la región. El primer visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Ismael Eslava, también se une al grupo. El convoy parte rumbo al punto 1, como lo nombran las familias. Las camionetas cruzan el tráfico matutino hasta incorporarse en la carretera rodeada de cañales.

Al pasar por el ejido Alfredo Bonfil, el convoy se compacta para evitar riesgos mayores de seguridad. Medio kilómetro después se abre la puerta del rancho El Papalote. Las mujeres y los hombres integrantes de los colectivos vienen en otros vehículos de la Fiscalía. La Marina encabeza el grupo que se interna entre una brecha cerrada por las ramas de árboles. Diez minutos después se abre un claro y las cintas de colores chillantes de la Fiscalía dan señales de que llegamos al punto 1.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) localizó este campamento delincuencial en 2013. Al año siguiente, las hermanas Graciela y Edith Pérez Rodríguez hicieron la primera búsqueda prospectiva en la zona. Cuatro años después del descubrimiento de tambos, pedazos de cuerpos, ceniza y ropa, la entonces Procuraduría General de la República (PGR) integró el lugar dentro de las averiguaciones previas. A partir de septiembre de 2017, mes con mes, se han realizado diligencias de 10 días continuos. 

El subsecretario camina en el terreno ligeramente inclinado. Los marinos montan el perímetro de seguridad. La comitiva de funcionarios, peritos y familiares se ponen trajes contra peligros biológicos, guantes y cubre bocas para ingresar al campamento delincuencial. Las más de 20 personas cruzan un cerco de alambre de púas, se forman en fila india, caminan y se pierden entre los árboles tupidos de verde, en la pendiente hacia las faldas de la Sierra de Cucharas. Encinas baja silencioso del recorrido, entre los cantos de los pájaros y las quejas por el calor.

Representantes de los colectivos “Voz y Dignidad por los Nuestros” y Milynali Red CFC acudieron a la búsqueda en el Mante Tamulipas.
Foto: Carlos Manuel Juárez

El centro clandestino de incineración mide aproximadamente media hectárea. La zona de trabajo en el Papalote se divide en exploración y búsqueda de restos. En la primera se ubican los pedazos de terreno con ceniza y fragmentos óseos. Allí trabajan arqueólogos, peritos y empleados de Protección Civil municipal. Alejandro, integrante de Protección Civil, ayuda a excavar con su único brazo. Don Chino transporta las muestras en cubetas. Actualmente hay 8 zonas de exploración y solamente 4 se han revisado.

En la segunda área, los familiares y peritos meten sus manos entre la tierra y la hojarasca recogida en la zona de exploración. Observan la tierra con curia en busca de un trozo de hueso. Un diente o fragmento de medula son las piezas más preciadas, debido a que de éstas se puede determinar con menos dificultad el perfil genético de la víctima. Sin embargo son las menos. Dos recipientes de plásticos van y vienen entre las 8 cribas, allí se recolectan las decenas de fragmentos, algunos del tamaño de un arroz. Los huesos se colocan en la mesa de indicios. Posteriormente los fragmentos de seres humanos quedan al resguardo de la Fiscalía, en espera de los análisis.

En el Rancho el Papalote los Zetas montaron un campo de exterminio en donde aproximadamente 500 cuerpos humanos fueron procesados.
Foto: Carlos Manuel Juárez.

Las hermanas Pérez Rodríguez y Guadalupe Mendiola explican a Encinas sobre la invención de las cribas, especiales por el tamaño de la red que no permite el paso de pedazos pequeños. Graciela busca a su hija Milynali. Edith busca a sus hijos José Arturo y Alexis. Ambas buscan a su sobrino Aldo y a su hermano Ignacio. Ella y ellos fueron raptados por una célula de Los Zetas el 14 de agosto de 2012 en la carretera El Mante – Xicoténcatl. 

Guadalupe Mendiola busca a su hermano Daniel y Eduardo Uribe busca a su hijo Gerardo, desaparecidos el 7 de noviembre de 2012. La madre y el padre de Ariel Morales Rivera, desaparecido hace seis años, también buscan aquí. María de los Ángeles busca a su hermano Rafael Rodríguez García, chofer del autobús con 25 pasajeros que fueron desaparecidos, todos, cuando iban a Miguel Alemán, Tamaulipas, en marzo de 2010. 

Encinas Nájera reconoció que la ‘cocina’ del Papalote es la más grande de Tamaulipas. Además, mencionó, los tres recorridos por fosas clandestinas y ‘cocinas’ del país tienen el objetivo de hacer los análisis de contexto y recoger las experiencias para elaborar una metodología común, de acuerdo a las características de operación de grupos delictivos y entidades de México.

El subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas Nájera aseguró que el Gobierno Federal sí tiene capacidad para analizar los restos óseos recolectados en los campos de exterminio de Tamaulipas y otras regiones del país.
Foto: Carlos Manuel Juárez.

“Hay que destacar el trabajo de los familiares de las víctimas por la coordinación con las instituciones locales y federales. Es un modelo de intervención, de búsqueda, que debe replicarse en otras regiones del país, con las características propias de cada región, con las fosas clandestinas o cocinas”, destaca en entrevista a un costado de la zona de exploración.

A pregunta expresa sobre la capacidad para analizar los restos recolectados, el subsecretario dice:

“Estoy convencido que en México hay capacidad forense para atender estos sitios, tanto en el ámbito de la Fiscalía General como en algunos estados. Las capacidades institucionales están subutilizadas, como medicina legal e identificación forense”.

Representantes de Colectivos de familiares de personas desparecidas y personal forense realizan búsqueda de restos humanos en el Rancho El Papalote.
Foto: Carlos Manuel Juárez.

La búsqueda concluye a las 14 horas del viernes. Los agentes del Ministerio Público Federal cierran la bolsa de indicios número 86. En las 85 bolsas previas hay restos óseos quemados y prótesis de personas. Algunas bolsas pesaron 10 kilogramos y otras 15, dice un agente. En conjunto las familias estiman la recolección de 100 kilogramos de huesos, un número incalculable de seres humanos y una encrucijada mayor para el sistema forense mexicano. El convoy de parientes, funcionarios y marinos hace el camino de regreso hacia el punto de encuentro en El Mante. Allí cuatro camionetas, con 20 efectivos del Ejército, esperan a Alejandro Encinas. El subsecretario cambia de camioneta blindada y sale rumbo a Victoria, de donde volará a la Ciudad de México. Las familias descansarán una semana para volver a buscar en otra de las 47 ‘cocinas’ de la región cañera de Tamaulipas.

*Reportero de Tamaulipas. Es testigo y cronista de la violencia organizada en el noreste de México. Investiga y acompaña a las familias que buscan a sus hijas, hijos, esposos, hermanas y madres desaparecidas y desaparecidos en territorio tamaulipeco. Actualmente es corresponsal de Aristegui Noticias y colaborador de Adóndevanlosdesaparecidos.