Con-Ciencia

Construir paz es rascar la tierra

La desaparición forzada genera impactos en quienes la experimentan en un ser querido, pero sus efectos son expansivos, de ahí su amplia capacidad devastadora.

Por Paola Alejandra Ramírez González/GIASF*

Después de trece años de que fuera declarada la denominada guerra contra el crimen organizado, el contexto de violencia en el país ha dejado miles de víctimas directas e indirectas. La población más afectada son los adolescentes y jóvenes*1 quienes, debido a la desigualdad económica, viven en condiciones precarias que amplían los márgenes de vulnerabilidad y de exposición a ser víctimas de la violencia criminal.

En relación a la desaparición forzada de personas, miles de niñas, niños, adolescentes y jóvenes experimentan la ausencia de un ser querido (en la mayoría de los casos, una figura o referente de apego). Inclusive para algunos de ellos, la inocencia de su niñez se desvanece entre los caminos agrestes y riesgosos de las búsquedas en fosas clandestinas. Sin embargo, los impactos de la violencia no sólo los experimentan quienes tienen una relación consanguínea directa con algún desaparecido, las afectaciones se extienden a otros cuerpos, se encarnan en quienes son testigos sobrevivientes de la violencia que afecta a sus comunidades, a sus vecinos, a sus próximos.

Durante la IV Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desparecidas, llevada a cabo en Guerrero del 18 de enero al 1 de febrero, en la primera intervención que se realizó en una escuela de Huitzuco, una compañera solidaria disfrazada de payasita, que animaba la participación de estudiantes niños y adolescentes, lanzó una pregunta: ¿Qué es construir paz? Rápidamente las respuestas comenzaron a escucharse, sin embargo, una de ellas estremeció a quienes estábamos presentes: “rascar la tierra”. Era la vocecita aguda de un niño de escasos 7 años para quien, a su corta edad, el significado de la paz se relaciona con rascar la tierra para encontrar a los desaparecidos.

IV Brigada Nacional, escuela de Huitzuco
Foto: Paola Alejandra Ramírez González

La desaparición forzada genera impactos en quienes la experimentan en un ser querido, pero sus efectos son expansivos, de ahí su amplia capacidad devastadora. Es complejo dimensionar la magnitud de los impactos, sin embargo, en el momento presente los estragos de la violencia están afectando simultáneamente a varias generaciones. Por otro lado, tampoco debemos ignorar que dichos impactos aparecerán en un tiempo futuro, a través de su transmisión a las generaciones venideras, lo que se denomina daño transgeneracional*2.

Dicho crimen es pluriofensivo, porque atenta contra diversos derechos humanos, genera un profundo sufrimiento y múltiples daños*3. Estos últimos se expresan a través de diferentes sintomatologías, emocionalidades y reacciones corporales que deben considerarse respuestas esperables a una situación inesperada. Un acontecimiento de tal magnitud produce una herida o huella profunda*4 que queda después de haber vivido un hecho violento, doloroso y sin sentido. Esta herida, al ser producto de la violencia sociopolítica, no debe reducirse a un asunto de interés privado e individual, antes bien debe ser situada y explicada en el contexto histórico-político en el cual se produjo el acontecimiento violento.

Si partimos de esta premisa, la elaboración de la herida y la reconstrucción del tejido social sólo serán posibles a través de la intervención polifónica de los diferentes actores sociales, incluyendo las voces de las niñas, niños, adolescente y jóvenes, quienes además de ser reconocidos como sujetos de derecho y protección, son agentes activos y productores del cambio. En ese sentido, no sólo debe ser prioridad la intervención de programas estatales en contextos y comunidades arrasadas por la violencia, también deben serlo las iniciativas sociales que den lugar a la experiencia de los menores de edad y los jóvenes que de una u otra forma han vivido o presenciado la violencia.

IV Brigada Nacional, movilización por la paz, Huitzuco
Foto: Paola Alejandra Ramírez González

La intervención de la IV Brigada logró articular, paralelamente, las búsquedas en campo para recuperar cuerpos, la intervención en escuelas locales para hacer prevención con los estudiantes y el trabajo con las comunidades de fe para sensibilizar a colonos y feligreses respecto a la problemática. Estas acciones simultáneas, con la intención de reconstruir el tejido social a través de espacios de escucha y de diálogo, permitieron compartir experiencias y romper el silencio que impone el miedo.

Como integrantes de la sociedad debemos asumir la responsabilidad moral que tenemos hacia nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Para quienes desde distintos campos de acción acompañamos a familiares de personas desaparecidas es fundamental recoger y acoger las experiencias a nivel local, las que se producen en territorios –poblados, rancherías, ejidos, etc.– lejanos y olvidados en los que el crimen encuentra condiciones para sostener sus negocios y su poderío, mientras que los jóvenes abandonados social e institucionalmente en su horizonte sólo encuentran un futuro desdibujado.

Taller con niñas y niños hijos de Las Rastreadoras de El Fuerte, Sinaloa
Foto: Paola Alejandra Ramírez González

Aproximarnos a estas experiencias desde un enfoque diferencial del daño nos permitirá comprender los sentidos que los actores le asignan a la violencia de acuerdo a diferencias de género, edad, cultura y pertenencia étnica. Así también, la implementación de metodologías participativas permitirán conocer el mundo a través de dicha población: de su mirada, su lenguaje, las maneras en que nombran y corporizan la violencia, la forma en que habitan la ausencia, los significados que asignan al miedo y a la muerte. En todo momento debemos reconocer el gran potencial de sus capacidades, de su creatividad, de la alegría con la que siguen imaginado otro mundo donde no sólo existan los grises sino todos los colores.


*El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna, Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador y estudiantes asociados a los proyectos del Grupo (Ver más: www.giasf.org)


*1) El pasado 4 de febrero, Alejandro Encinas, Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, al presentar la Estrategia Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, señaló que la mayoría de los desaparecidos son jóvenes entre los 17 y 19 años. Sin embargo, también es importante mencionar que esta población además se ha visto afectada por otros delitos: asesinato, obligados a realizar trabajo forzado o reclutados para formar parte de las redes criminales.

*2) Consultar: “Daño Transgeneracional:
La Herencia del Trauma Psicosocial”
, Centro de Salud Mental y Derechos Humanos (CINTRAS).

*3) En la mayoría de los casos, los daños afectan las siguientes dimensiones: corporales, psicológicas, emocionales, espirituales, morales, simbólicas y materiales.

*4) En el enfoque psicosocial se le suele denominar trauma.

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