A donde van los desaparecidos

Otras miradas a las desapariciones en las fronteras de México (I): Preámbulo

Óscar Misael Hernández-Hernández y Jesús Pérez Caballero/ LEVIF
diciembre 9, 2024
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Óscar Misael Hernández-Hernández y Jesús Pérez Caballero/ LEVIF

La relación entre desaparición y frontera es un tema habitual de estudio, al menos en casos donde las desapariciones de personas son masivas y crónicas, como México. En esta línea, pero con ligeros desvíos, se plantean varias entregas de Frontera de ausentes que, a lo largo de 2025, ofrezcan escenarios de reflexión fértiles, ya sea  por abordar temas novedosos o por replantear los ya muy conocidos. En esencia, intentaremos comprender qué hay en el universo del espacio fronterizo que se relaciona con diversos tipos de desapariciones, plurales tanto en su escala como en su naturaleza. 

Por ejemplo, a escala corporal, en la frontera norte de México con Estados Unidos, al peligro al que se exponen los migrantes, antes, durante y después de cruzar la frontera (para evitar las distintas fases de vigilancia o por utilizar pasos naturales peligrosos, como ríos o desiertos), se agrega el control de organizaciones criminales que explotan esos trayectos migratorios y que tienen la capacidad de desaparecer a quienes transgreden su control o sus reglas.

Si añadimos un nivel simbólico, además de peligro, lo fronterizo mexicano (de Tijuana a Matamoros, así como la frontera sur con Guatemala), se asocia entre la población a ideas como descontrol, indeterminación o cambio. En ello influyen, entre otros factores de distinto tipo, el proceso histórico por el que estos territorios se colonizaron, los cambios en las fronteras políticas, el peso que ha tenido lo fronterizo para actividades como la guerra o el contrabando, o la relación habitual entre instituciones del Estado, a distinto nivel (federal, regional y municipal, así como civil o militar) y los tráficos ilegales.

En este sentido, las imágenes mediáticas que llegan de esas fronteras suelen enfocarse en la dificultad de las autoridades para controlar los tiempos y las formas en las que los migrantes intentan llegar a Estados Unidos. Pero, a la vez, también se connota que las fronteras son lugares de una mayor libertad, algo que ha sido promovido históricamente por el establecimiento de zonas francas, la tolerancia respecto a conductas penadas en otras partes del país, el efecto del contrabando o, en general, una menor presencia de instituciones estatales. Esto genera una percepción de posibilidad de cambio, de “tierra de oportunidades”, que dota de rasgos muy particulares a estos territorios.

A estas percepciones, ayuda que bienes como los que se comercian de una parte a otra de la frontera, se revalorizan por su relación con la misma (como sucede con el tráfico de drogas), o que muchos de tales bienes se encuentren especialmente en esos espacios fronterizos, como sucede con algunos recursos naturales. En específico, recursos como el agua de los ríos y la complejidad de su gestión binacional, como es el caso del Río Bravo, entre México y Estados Unidos; las delimitaciones marítimas, con la explotación del lecho marino o de los bancos pesqueros; o la gestión de la minería, como ejemplifica el estado fronterizo de Sonora.

A su vez, las modificaciones de los espacios fronterizos, con obras e infraestructuras que aprovechan las circunstancias de esos lugares o que buscan poner al servicio de la naturaleza el control de personas y bienes, interactúan con la desaparición leída desde el paisaje. Esto nos muestra grandes extensiones binacionales, espacios deshabitados, caminos olvidados o intrincados. 

Desde los presupuestos mencionados y las perspectivas que abren, Frontera de ausentes no sólo estudiará el fenómeno de las desapariciones en las fronteras norte y sur, sino que  también apelará a reflexionar sobre otras fronteras que emergen entre estas dos latitudes, a manera de espacios fronterizos intermedios. Por ejemplo, la Laguna Madre, como una frontera entre la tierra (Tamaulipas) y el mar (Golfo de México), así como fronteras sutiles entre los distintos grupos del crimen organizado, que trazan líneas divisorias entre espacios como carreteras, municipios o colonias.

En esencia, tal y como se hizo con la relación entre desastres y desapariciones en Acapulco, Guerrero, en el marco del paso del huracán Otis durante el segundo año de este espacio de análisis, este tercer año se conformará por entregas que continúen reflexionando sobre la desaparición en sentido amplio. Es decir, que aborden aspectos simbólicos, culturales y paisajísticos. Que planteen, unas veces, relaciones de causalidad inesperadas y otras, atmósferas de desaparición; que sugieran, además, líneas de investigación en torno al fenómeno. 

Así, en el próximo mes de enero, Óscar Misael Hernández-Hernández (El Colegio de la Frontera Norte, Matamoros) replantea una de las desapariciones y asesinatos más mediáticos no sólo de Tamaulipas sino de México, el de un ciudadano estadounidense, ocurrido en esa ciudad fronteriza a finales de los años ochenta del siglo pasado. 

En el mes de febrero, Ashley N. García (Universidad de Texas en Austin) tratará distintos temas relacionados con representaciones de desaparecidos, como una “capilla de los desaparecidos” que hay en la frontera chica –zona conocida como la Ribereña, que alude a la franja fronteriza entre Reynosa y Nuevo Laredo–. Con un tema similar, en el mes siguiente, Xavier Oliveras González (El Colegio de la Frontera Norte, Matamoros) escribirá sobre la representación geográfica de las tumbas de migrantes desaparecidos en el sur de Texas.

Posteriormente, Rodrigo Parrini Roses (Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco) planteará una microhistoria de la migración. Su hilo conductor es la desaparición de trenes en la frontera sur, lo que nos abre posibilidades de análisis que relacionan niveles aparentemente disímiles, como las infraestructuras, los caminos, el abandono de lugares y las rutas migratorias históricas.

Adriana González Veloz (investigadora independiente) explicará, a partir de su experiencia en lugares como la Comisión Nacional de Búsqueda, algunos aspectos de la desaparición en las carreteras de México, incluidas las de migrantes en ruta hacia Estados Unidos, y cómo el análisis de contexto puede aportar luz a esta problemática, tan ocultada como oculta.

A mitad de año, Javier Dragustinovis Rangel (artista, Museo de Arte Contemporáneo de Tamaulipas) estudiará algunos objetos perdidos por personas en su trayecto para migrar hacia Estados Unidos: individuos que lograron con éxito cruzar a la frontera o que se perdieron como esos mismos objetos, de los cuales, afirma el autor, “en su contorno se graba su historia”.

Después, coincidiendo con el quince aniversario de la primera masacre de San Fernando, Tamaulipas, sucedida el 22-23 de agosto de 2010, Óscar Hernández-Hernández nos explicará las relaciones entre la Laguna Madre, ubicada en ese municipio, y el contrabando, la delincuencia o las desapariciones de personas.

Durante tres entregas (septiembre-noviembre), Jesús Pérez Caballero escribirá sobre la desaparición de un mexicano ocurrida, presuntamente, en Imperial, en el sureste de California, en 1979. Con ello, el autor buscará no sólo reconstruir desde la distancia ese extravío, sino recuperar cómo se dio la búsqueda en esa época, los retazos que dejó en documentos o las consecuencias para la familia, casi medio siglo después. 

Finalmente, de nuevo, el artista Javier Dragustinovis se fijará en las formas y evolución de las representaciones de desaparecidos en lugares de Matamoros, como la central de autobuses o el aeropuerto. Rostros que, en las palabras del autor local, “son siluetas que ven pasar miles de otros rostros sin intercambiar miradas, en días que se acumulan, como se desgastan el color de la impresión”. 

Espacio, desgaste, desaparición, ausencias, son temas que, como siluetas que vagasen por  las fronteras, se repetirán en las próximas entregas.

*Este texto es una colaboración entre el LEVIF (https://www.colef.mx/levif/), de El Colegio de la Frontera Norte, y A dónde van los desaparecidos.

El Laboratorio de Estudios sobre Violencia en la Frontera (LEVIF) es un proyecto de El Colegio de la Frontera Norte que tiene como objetivo analizar la violencia criminal en esta región fronteriza México-EE UU, generar eventos y documentos de divulgación científica sobre el tema.

Oscar Misael Hernández-Hernández es sociólogo por la Universidad Autónoma de Tamaulipas y doctor en antropología social por El Colegio de Michoacán. Actualmente es profesor en El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros, Tamaulipas, y coordinador del LEVIF. Correo electrónico: ohernandez@colef.mx 

Jesús Pérez Caballero es escritor y jurista. Doctor en Seguridad Internacional (IUGM-UNED), es Investigador por México CONAHCYT adscrito a El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros, Tamaulipas. Web: https://archive.org/details/@jpcaballero

La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición del LEVIF ni de A dónde van los desaparecidos.

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