Desde hace cinco años, la Glorieta de las Mujeres que Luchan se sostiene en Paseo de la Reforma como un anclaje de memoria y resistencia: ahí se honra a quienes han luchado y hoy luchan por un futuro para todas y todos, se recuerda colectivamente a las víctimas de desaparición y feminicidio, se exige verdad y justicia.
Gabriela Yazmín Delgadillo Guevara
X: @gadguevara
El 25 de septiembre de 2021, mujeres de distintos colectivos toman la antigua Glorieta de Colón, la renombran como “Glorieta de las Mujeres que Luchan” e instalan en el pedestal vacío la Antimonumenta Justicia, una escultura de madera[1] pintada de color morado con la forma de la silueta de una niña con el puño en alto. Sobre las vallas metálicas que rodeaban el pedestal, escriben el nuevo nombre del espacio y cientos de nombres de mujeres buscadoras, madres que luchan por justicia, mujeres defensoras del agua y del territorio, mujeres de los pueblos originarios, mujeres zapatistas, mujeres afromexicanas, periodistas. Al día siguiente, las vallas amanecen pintadas y los nombres, borrados. Entonces, las mujeres vuelven a escribirlos. Así comienza una disputa por el espacio y por la memoria.
La Glorieta se ha sostenido por cinco años como un lugar para la rememoración y la resistencia en pleno Paseo de la Reforma. No se trata de un sitio de memoria en el sentido convencional, pues allí se entrelazan los trabajos de la memoria con los esfuerzos por denunciar y porque haya justicia. Se recuerda a las víctimas de feminicidio y desaparición para que ninguna de ellas sea olvidada y para que tampoco se olvide lo que les pasó, y lo que sigue pasando en México: mujeres asesinadas y desaparecidas cada día, que no son un número, sino mujeres y niñas que tienen un nombre y seres queridos que las recuerdan, que las lloran y que buscan verdad y justicia. Además, es un espacio para honrar a las mujeres que antes lucharon y a las que ahora luchan desde distintas trincheras.

Hace una década comienza la proliferación de estos artefactos de memorialización que han sido nombrados por sus artífices como “antimonumentos”. El 25 de abril de 2015, a los siete meses de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, se lleva a cabo la instalación del Antimonumento +43, dedicado a los 43 estudiantes y a las miles de personas desaparecidas en México. La Comisión de Antimonumentos realiza la operación semiclandestina de colocar en Paseo de la Reforma la escultura de unos tres metros de altura de placa de metal con la forma del signo de adhesión y el número 43 en color rojo. Durante la colocación se repartió una postal a los transeúntes que explicaba que no se trataba de un monumento tradicional. El antimonumento se define, desde ese primer momento, “como una protesta permanente de reclamo y de justicia al Estado en el espacio público”.[2]
La primera antimonumenta se instala el 8 de marzo de 2019. Mujeres de distintos colectivos se dieron cita, con cemento y herramientas en mano, para colocar la escultura del símbolo de Venus con un puño alzado al centro, que se erigió como protesta permanente para exigir un alto a las violencias contra las mujeres y para demandar justicia “por los miles de feminicidios impunes y la búsqueda de las mujeres que han sido desaparecidas”.[3] La instalación de esta primera antimonumenta fue una acción singular e inédita. Sin embargo, lo más extraordinario es, en realidad, que a partir de su siembra comienzan a “emerger” antimonumentas en distintos puntos y ciudades de México.

Desde el 8 de marzo de 2019 hasta septiembre del 2026 han sido instaladas 22 Antimonumentas en 15 entidades de México.[4] El “efecto dominó” en la instalación de estas esculturas disidentes no solo revela la necesidad de dar lugar a la memoria, expone también la urgencia de denunciar y frenar una violencia feminicida que no cede.[5]
De Colón a Justicia: la disputa por un lugar para la memoria
Entre los antimonumentos, “Justicia” es la única que se ha instalado donde antes había un monumento convencional. Durante más de 140 años, la estatua de Cristóbal Colón estuvo allí, en el centro y en lo alto de la glorieta que llevaba su nombre en Paseo de la Reforma. La peana donde se erigía quedó vacía en 2020, cuando el gobierno de la Ciudad de México anunció —días antes de la conmemoración del 12 de octubre, Día de la Nación Pluricultural— que la escultura sería retirada para su “restauración”. Se trataba, en realidad, de una medida preventiva, pues circulaba en redes sociales una convocatoria para derribar la estatua, en medio de un contexto mundial de repudio hacia los monumentos vinculados al colonialismo, el esclavismo y el racismo.
El 25 de septiembre de 2021 las mujeres “toman” la glorieta, la renombran e instalan, en el pedestal que antes fuera de la estatua del conquistador, a Justicia, la segunda antimonumenta emplazada en la Ciudad de México, la sexta en todo el país.[6]
Semanas antes de la toma, la entonces jefa de Gobierno de la Ciudad —ahora presidenta de México—, Claudia Sheinbaum, había anunciado que allí se colocaría “Tlali” una escultura en homenaje a las mujeres indígenas. Sin embargo, el cuestionamiento al autor y a la estética de la escultura lleva a la cancelación de la obra. Con la glorieta ya tomada, la jefa de Gobierno anunció en octubre un nuevo proyecto monumental para el espacio: en el plinto —ocupado por Justicia— se colocaría una réplica de la Joven de Amajac, figura huasteca hallada en Álamo, Veracruz, a inicios de ese año.[7]
Durante los siguientes meses, el gobierno capitalino continuó impulsando el proyecto monumental y promovió un respaldo social para este[8] al tiempo que las declaraciones oficiales mostraban desaprobación hacia las mujeres que defendían la toma.[9] Por su parte, las mujeres de la Glorieta llamaron a la vigilia para resguardar el espacio de cara a posibles intentos de desalojo. Finalmente, después de dos años de tensión, el proyecto monumental para la Joven de Amajac se modifica: la escultura se emplaza y se devela sin mayor gala en julio de 2023 en un espacio contiguo a la Glorieta de las Mujeres que Luchan.[10]
Memorias disidentes que resisten en Paseo de la Reforma
La historia de cinco años de la Glorieta de las Mujeres que Luchan es también la historia de la defensa del espacio.
El monumento es un dispositivo de enunciación selectiva que responde a la potestad del Estado para determinar qué se conmemora según convenga a la conservación del poder; dicha selección implica, en el mismo acto, la exclusión y la invisibilización de las narrativas discordantes —la producción de memoria desde el Estado es, al mismo tiempo, producción de olvido—. A lo largo de la historia, la memoria de las mujeres ha sido sistemáticamente invisibilizada, y las narrativas de las víctimas de la violencia y los crímenes de Estado nunca han sido parte de la “memoria de bronce”: son hechos vergonzosos que manchan de sangre los libros de la historia oficial. Así se entiende que la disputa por la Glorieta se despliegue en dos ámbitos que en realidad son uno solo: una lucha por el espacio público en Paseo de la Reforma y una lucha por la enunciación de narrativas incómodas para el poder, en esa avenida emblemática de la capital en la que históricamente se ha plasmado la “memoria nacional”.

Las memorias que resguardan las arcontas de la Glorieta son, entonces, doblemente perseguidas: por ser memorias de las mujeres y por denunciar las violencias feminicidas y las desapariciones de mujeres que no cesan, y de las que el Estado es responsable.
La cronología de hechos muestra las hostilidades hacia el espacio de memoria. El desmantelamiento y la vandalización de los elementos que lo conforman han sido la forma recurrente de atentar contra el sitio: se desmanteló la estructura del tendedero de denuncias, robaron la primera cruz rosa instalada en el Jardín de la memoria “No estamos todas”, después destruyeron otra cruz rosa —la más grande— a días de haberse instalado junto con otras cruces más, para sustituir la que había sido hurtada. Además, se han vandalizado y rasgado fotografías de la exposición permanente “Mujer que lucha, mujer que es luz”. Y cuando hay intervenciones, son “limpiadas” de inmediato; esto pasó en octubre de 2024, con la instalación de cientos de brasieres como parte de una protesta para visibilizar a quienes viven y han fallecido a causa del cáncer de mama, o con la ofrenda y el tapete antimonumental del Día de Muertos en 2021.
Los ataques se intensificaron en vísperas de la Copa Mundial de la FIFA, hasta el punto de que, el 5 de septiembre de 2025, trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México retiraron las vallas metálicas en las que están escritos los nombres de mujeres a recordar, y que forman parte del memorial. Solo ante las numerosas denuncias en redes sociales y las protestas de mujeres que acudieron al lugar, las vallas fueron devueltas a su sitio, sin que hubiera explicación alguna por parte de las autoridades.
Sostenerse y sostener un lugar para Justicia
En la Glorieta, la memoria cobra vida en el encuentro y en la acción. El “habitarla” de distintas formas ha sido crucial para mantenerla: las acciones de las mujeres en el sitio lo resguardan y lo legitiman como territorio de sus luchas diversas, al tiempo que custodian el sentido que allí se ha impreso.
Es un lugar en el que se honra a las mujeres luchadoras. De acuerdo a la Fundación para la Justicia, entre 2010 y 2025 han sido asesinadas 22 buscadoras y 2 más han sido desaparecidas; sus nombres están en los tapiales que rodean el pedestal de Justicia. Así también están los nombres de Tita Radilla, María Herrera, Tranquilina Hernández, Yadira González y decenas de mujeres buscadoras más; de Maricela Escobedo —madre de Rubí Marisol Frayre—, Sonia López —tía de Fátima Cecilia—, Irinea Buendía —madre de Mariana Lima, Araceli Osorio —madre de Lesvy Berlín—, Antelma Vargas —madre de Ingrid Escamilla—, Soledad Jarquín —madre de María del Sol Cruz—, Alicia de los Ríos Merino, Regina Martínez, Nadia Vera, María Elena Ríos, Miroslava Breach, Olimpia Coral, Bety Cariño, Doña Fili, Sayuri Herrera, y de muchas otras mujeres más cuyas luchas ya son históricas.
En estos años la Glorieta ha sido también un lugar para seguir luchando y una plataforma de confluencia y vinculación de feminismos y colectivos de mujeres. Se ha convertido en punto de encuentro en las manifestaciones del 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), del 28 de septiembre (Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Accesible) y del 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer).

En torno a Justicia se han llevado a cabo actos para visibilizar la lucha de las mujeres buscadoras y para exigir que el Estado asuma su responsabilidad en la búsqueda de las desaparecidas y los desaparecidos, así como en frenar esta crisis humanitaria. También se han realizado actividades en memoria de niñas y mujeres víctimas de feminicidio, actos en defensa del derecho al aborto movilizaciones por el agua y el territorio, encuentros con sobrevivientes de feminicidio, y acciones para visibilizar a las mujeres que luchan contra el cáncer y exigen condiciones dignas de atención. A esto se suman eventos culturales con música, encuentros de bordado, presentaciones de libros, performances, danza, rituales y conmemoraciones por “la aniversaria” de la Glorieta.
Además, se han llevado a cabo eventos inusitados y dolorosos como la despedida de Monserrat Uribe Palmeros el 31 de enero de 2025; los restos de la joven, desaparecida cuando tenía 21 años, fueron localizados en el Ajusco después de 4 años de búsqueda incansable encabezada por su madre Jaqueline Palmeros, y fueron velados en la Glorieta de las Mujeres que Luchan por voluntad de la familia, en un acto público de duelo y de denuncia.

Los trabajos de la memoria y las experiencias que tienen lugar en la Glorieta son al mismo tiempo acciones de fortalecimiento colectivo y acciones de “reparación del olvido”,[11] hacen del espacio un soporte material, simbólico y afectivo. La comunidad que se ha ido conformando a lo largo de cinco años es, a la vez, un tejido que abraza y una red de apoyo concreto a partir de la cual las mujeres se ayudan entre sí y comparten información y experiencias.[12] Esto es especialmente relevante para quienes buscan a sus desaparecidas y desaparecidos, y para todas aquellas que enfrentan procesos legales laberínticos en un sistema de justicia y un entorno institucional signados por la indolencia y la impunidad.
Decenas de veces he escuchado decir a mujeres buscadoras o familiares de víctimas de feminicidio que la importancia de estar allí radica en que no se olvide lo que les ha pasado a sus hijas, sobrinas, hermanas, madres; que ninguna de ellas sea olvidada. Aunque puedan cimbrarlas el desasosiego y la sensación de abandono, llegar a la Glorieta y encontrarse con sus compañeras les hace sentir que no están solas: que en todas ellas, reunidas en torno a Justicia, están el consuelo y la esperanza.
***
*Gabriela Delgadillo Guevara es investigadora independiente y docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Su trabajo aborda los derechos humanos y las memorias de la violencia en México y América Latina, con énfasis en la reemergencia de los feminismos y las luchas por la memoria de las mujeres.
La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición de adondevanlosdesaparecidos.org
Foto de portada: 4to aniversario de la Glorieta de la mujeres que luchan, 2025. Johana Remigio/ObturadorMX.
Referencias:
[1] Posteriormente, en marzo de 2022 la pieza de madera fue sustituida por una de acero.
[2] Fundación Heinrich Böll (2021). Antimonumentos: memoria, verdad y justicia. Ciudad de México: Heinrich Böll Stiftung.
[3] Experiencias para la memoria (s.f.). “Una huella en el espacio público que reclama: ¡Ya basta! ¡Ni una más!” <https://experienciasparalamemoria.mx/antimonumenta/>.
[4] Se instalaron dos en la Ciudad de México (Av. Juárez y GML, Paseo de la Reforma), una en el Estado de México cinco en Quintana Roo; tres en Veracruz, una Jalisco; una en Oaxaca, una en Chiapas, una en Yucatán, una en Nuevo León, una en Michoacán, una en Hidalgo, una en San Luis Potosí, una en Chihuahua, una en Durango, una en Tlaxcala. De las cuales al cierre de esta escritura permanecen 20 de ellas en el espacio público. La antimonumenta de San Luis Potosí fue destruida y la de Chiapas fue retirada por instrucciones del gobierno estatal.
[5] De acuerdo con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencias en México la violencia feminicida “[e]s la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, las adolescentes y las niñas, producto de la violación de sus derechos humanos y del ejercicio abusivo del poder, tanto en los ámbitos público y privado, que puede conllevar impunidad social y del Estado. Se manifiesta a través de conductas de odio y discriminación que ponen en riesgo sus vidas o culminan en muertes violentas como el feminicidio, el suicidio y el homicidio, u otras formas de muertes evitables y en conductas que afectan gravemente la integridad, la seguridad, la libertad personal y el libre desarrollo de las mujeres, las adolescentes y las niñas” (Art. 21). Siguiendo esta definición jurídica, toda forma de violencia ejercida contra la mujer que atente contra su integridad y pudiera culminar en su muerte es violencia feminicida. La desaparición forzada de mujeres es también una forma de violencia feminicida.
[6] La primera réplica fue colocada en Nezahualcóyotl, Estado de México el 25 de noviembre de 2019; la segunda en Guadalajara un año después, el 25 de noviembre de 2020; días después la tercera se instaló en Chetumal, Quintana Roo en 2021; la cuarta, el día 8 de marzo en Veracruz, Veracruz; la quinta en Orizaba, Veracruz, el 10 de marzo, y Justicia fue la sexta, ele 25 de septiembre del mismo año.
[7] Según declaraciones de la jefa de Gobierno la réplica se instalaría en la glorieta a solicitud de más de cinco mil mujeres indígenas de diversas culturas y pueblos del país, y por elección unánime del Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos (COMAEP) de la Ciudad de México (SEDUVI, 2021).
[8] Un episodio ilustrativo ocurre el 12 de octubre de 2022. El Movimiento de Mujeres Indígenas, Originarias y Afrodescendientes de la Ciudad de México marcha de la Glorieta del Ángel de la Independencia a la Glorieta de las Mujeres que Luchan y, en un acto político, demanda la instalación de la Joven de Amajac. La movilización no parecía auténtica, cuando se les pregunta a las mujeres indígenas por qué están allí, ellas no saben qué responder e incluso algunas expresan que “venían a apoyar a una mujer que quería ser presidenta” (Entrevistas a “Ema G.” y a “Marcela”, nombres ficticios).
[9] Durante una gira por los estados a principios de marzo de 2023, la jefa de Gobierno acusó de racismo y clasismo a las mujeres que se oponían a la instalación de la escultura de la Joven de Amajac (La Jornada, 2023).
[10] En su último discurso como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum encarga la colocación de la escultura de la Joven de Amajac a Martí Batres, quien la supliría en el cargo, pues Sheinbaum comenzaría la contienda por la presidencia de la República.
[11] Achugar, Hugo (2003). El lugar de la memoria, a propósito de monumentos. En Elizabeth Jelin y Victoria Langland (comps.), Monumentos, memoriales y marcas territoriales (pp. 191-214). Buenos Aires: Siglo XXI.
[12] Entrevistas a “Ana” y a “Ema G.”, nombres ficticios.