La tortura sexual no es un exceso ni un accidente, sino una forma de violencia política. A partir de casos emblemáticos como Atenco y de un análisis histórico y jurídico, este artículo reflexiona sobre el uso del cuerpo como herramienta de castigo y control social, y sobre la importancia de nombrar la tortura sexual como un acto de resistencia frente a la impunidad y la violencia estatal Por Isabel Beltrán Gil/GIASF* Nombrar la tortura sexual parece sencillo, pero no lo...