Con-Ciencia

Buscar en vida a los desaparecidos

Por Carolina Robledo Silvestre / Catedrática Conacyt / CIESAS – GIASF*

Hace más de 10 años escuché por primera vez que algunos jóvenes desaparecidos en el norte del país podrían haber sido reclutados por ejércitos armados para realizar labores técnicas, agrícolas o bélicas en condiciones de esclavitud. Las familias han insistido en esta hipótesis desde el piso de realidad que les da el conocimiento de sus propios contextos y no se han equivocado. Las guerras tradicionalmente han echado mano de los sectores más vulnerables de la población para sostener el ejercicio de la violencia, ya sea a través del reclutamiento forzado o del mercado laboral que se presenta como una opción válida para amplios sectores de la población históricamente pauperizados.

En relación con la desaparición de personas, el reclutamiento forzado representa un gran desafío para pensar los modos de buscar a las personas que no están. Pero esta práctica es apenas un rasgo de las violencias que vivimos. La desaparición de personas también se relaciona con redes de trata, prácticas contrainsurgentes ejercidas desde las corporaciones estatales, migraciones y desplazamientos forzados, homicidios no resueltos, desapariciones burocráticas y muchos otros fenómenos que producen un escenario complejo para la búsqueda de las personas desaparecidas.  

En este confuso paisaje de víctimas y situaciones por las cuales una persona desaparece o es desaparecida, la búsqueda y exhumación de restos humanos se ha ubicado en un lugar central de la agenda de los colectivos, las organizaciones que los acompañan y las instituciones del Estado. Esto ha ocurrido, pese a que una de las demandas más urgentes y constantes de los familiares de personas desaparecidas desde hace años ha sido la procuración de mecanismos de búsqueda en vida, que incluyan los casos urgentes y aquellos de larga data.

La tendencia a buscar a las personas desaparecidas en fosas responde a múltiples factores, mencionaré sólo tres. El grado de crueldad con el que se ejerce la violencia por parte de los actores armados es el primero, pues conduce a pensar la muerte como destino posible para las personas desaparecidas.

Otro factor es la existencia probada de miles de fosas clandestinas y “lugares de exterminio” sembrados a lo largo del territorio mexicano que dan cuenta del grado de brutalidad con el que se busca borrar la existencia de tantas vidas.

El tercer factor es la enorme cantidad de restos humanos sin identificar bajo custodia del estado (36 mil aproximadamente), que impone grandes desafíos para recuperar la identidad de quienes carecen de nombre y están siendo buscados por sus familias.

Finalmente, pero no menos importante, el llamado giro forense, que se ha posicionado como una sensibilidad hegemónica para pensar y gestionar la búsqueda de personas desaparecidas, ubicando en el centro de la acción a las ciencias que producen conocimiento sobre la muerte y la identificación de los restos humanos. Esta sensibilidad científica se ha instalado en los contextos pos-conflicto de búsqueda de personas desaparecidas tanto en América Latina como en otros lugares del mundo, y México no es la excepción.

Aunque la realidad nos orilla a pensar en estos escenarios atroces para imaginar la suerte que pudieron correr miles de personas desaparecidas, habrá que recobrar la esperanza que reposa en la insistencia de las familias que nos llaman a buscar en vida, para producir caminos de búsqueda tan complejos como la desaparición misma. 

El primer punto de los Principios Rectores para la Búsqueda de Personas Desaparecidas del Comité contra la Desaparición Forzada indica que la búsqueda de una persona debe realizarse bajo la presunción de vida, sin embargo, las instituciones han demostrado pocas habilidades para responder a este principio. El carácter burocrático que ha caracterizado las búsquedas institucionales y la falta de capacidades operativas en campo, poco ayudan a reaccionar de manera urgente a la desaparición de una persona. Esto sucede pese al deber de diligencia estricta que obliga al Estado a adoptar medidas razonables para intentar encontrar a las víctimas de desaparición con vida.

Frente a esta realidad, los familiares de personas desaparecidas en México no sólo se han especializado en la búsqueda de fosas y exhumación de restos humanos, han desarrollado también conocimiento valioso para la búsqueda en vida, especialmente para la reacción inmediata, una de las fallas sistémicas del estado mexicano, que aún en algunas geografías insiste en dejar pasar las primeras horas después de una denuncia para activar la búsqueda urgente. Situación que se completa con una omisión casi total de mecanismos para sostener la hipótesis de vida cuando han pasado meses o años después de la denuncia de una desaparición.

Para pensar estos temas, el Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) en colaboración con Serapaz está convocando el próximo 28 de noviembre a un coloquio internacional en el que se presentarán diversas experiencias de búsqueda en vida. El evento tendrá lugar en el Centro Cultural Tlatelolco a partir de las 9 de la mañana y la entrada es libre.

Uno de los propósitos de este encuentro es reconocer y poner en circulación los saberes acumulados de los colectivos que buscan en vida y escuchar algunas experiencias internacionales en este campo, para procurar el intercambio y el fortalecimiento de las metodologías locales.

Otro propósito es reflexionar sobre la responsabilidad social en torno a la búsqueda en vida de las personas desaparecidas. Es importante transitar hacia formas más solidarias de búsqueda, en las que otros actores y no sólo las familias jueguen un papel más activo. Para la búsqueda en vida, y particularmente, para la reacción inmediata, es urgente constituir comunidades de búsqueda que vinculen socialmente a actores solidarios en torno a las familias, para hacer los procesos más seguros y eficaces.

Finalmente, este evento está pensado como un espacio en el que confluyan diferentes agendas políticas que nos permitan explorar con mayor complejidad el fenómeno de la desaparición de personas y anudar fuerzas en torno a su prevención: las agendas de los movimientos feministas, de migrantes y de personas desaparecidas, que tienen en común la defensa por la dignidad humana y el interés por evitar la repetición de los hechos.  

Esperamos además que este espacio sirva para recuperar uno de los sentimientos políticos más potentes: la esperanza, que sostiene a los familiares en la búsqueda y nos convoca como sociedad a ser sumamente creativos y más generosos para regresar a los desaparecidos con vida a sus hogares. Como dice Rebecca Solnit tener esperanza es apostar, es tener un hacha con la que romper puertas en caso de emergencia, es también un impulso para salir de casa a hacer todo cuanto esté en nuestras manos para evitar que el futuro consista en una guerra tras otra.

Programa del Coloquio Internacional sobre experiencias de búsqueda en vida. GIASF / Serapaz

*El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna, Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador y estudiantes asociados a los proyectos del Grupo (Ver más: www.giasf.org)

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