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En todos los sitios, con todos los recursos: Aprendizajes del Coloquio Internacional de Búsqueda en Vida ¡Hasta encontrarles!

Por Erika Liliana López López / GIASF*

Son muchas las razones que animan a los familiares a buscar a sus seres queridos en vida y no en fosas, como ha sido la ruta que ha prevalecido en las erráticas y descoordinadas acciones por parte del Estado desde que las autoridades comenzaron a buscar a las personas desaparecidas en nuestro país. Aunque la razón principal es el deseo de que regresen a casa, no es la única. Hipótesis fortalecidas por el conocimiento del contexto local y regional, por las conclusiones a donde les conduce un análisis de los entornos económicos de la región y del país, por el sentido común, o simplemente por meras variaciones estadísticas (que indican que no todos pueden estar muertos), son algunas de ellas. En atención a esta demanda constante que las familias han mantenido mientras crecen las cifras de desapariciones en el país, es que el Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) junto con Serapaz organizaron el Coloquio Internacional de Experiencias de Búsqueda en Vida ¡Hasta Encontrarles! que tuvo lugar el pasado 28 de noviembre de 2019 en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, un sitio elegido por su simbolismo que alude a la necesidad de construir memoria histórica y recuerda el forzoso vínculo que conecta la búsqueda de todas las personas desaparecidas, sean del siglo pasado o de años recientes.

Mucho antes que las instituciones estatales en el país, o que cualquier otra instancia, las familias y sus aliados han iniciado una significativa trayectoria en la búsqueda con vida de sus seres queridos. Han desarrollado múltiples estrategias empleando los recursos disponibles, en muchos casos sin necesidad de una formación técnica anterior, y han generado alianzas para la consecución de su tarea. Eso explica que de los expertos que realizan búsquedas en vida y que dieron su testimonio en el Coloquio, la mitad fueran familiares. Diez personas expertas –8 mujeres y 2 hombres–, acudieron desde diferentes latitudes del país -Coahuila, Veracruz, Chiapas, y Ciudad de México-, y de otros países Colombia, Guatemala, Honduras y España.

El diálogo se desarrolló en tres mesas. Considerando el caudal de conocimientos desarrollado y acumulado por quienes buscan en el contexto mexicano, es que se articuló la primera mesa sobre Experiencias locales de búsqueda en vida, en la que participaron Ariana García Bosque, abogada y representante legal de la Asociación Familias Unidas en la Búsqueda y Localización de Personas Desaparecidas Piedras Negras, Coahuila; Lenit, integrante del Colectivo Madres en Búsqueda de Coatzacoalcos, Veracruz y Georgina Aranda Contreras de la Caravana Internacional de Búsqueda en Vida de Personas Desaparecidas.

Para exponer cómo se han realizado esta modalidad de búsqueda, en circunstancias que si bien son divergentes de las que existen en nuestro país, sus experiencias podrían ser aleccionadoras y de utilidad, se organizó la segunda mesa de Experiencias y metodologías internacionales donde participaron Francisco González, Director de la Fundación Armando Armero de Colombia y José Romero de la Asociación SOS, Desaparecidos, España.

Dada la enorme vulnerabilidad que experimentan tanto las personas migrantes en tránsito por nuestro país mientras se dirigen a Estados Unidos, como las mujeres, quienes son víctimas de redes de trata y también de feminicidios, se integró la tercera mesa de Mujeres desaparecidas, trata de personas y búsqueda de Migrantes donde participaron Gabriela Amores de la Unión Nacional de Abogadas de la Ciudad de México; Elvira Madrid de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”, A.C. de Chiapas; Rosa Nelly Santos del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos del Progreso (COFAMIPRO) de Honduras; María Renée González del Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP) de Guatemala y (mediante video) Ana Enamorado de la Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, parte del Movimiento Migrante Mesoamericano.

Familiares muestran fotografías de quienes nos faltan. Foto: Serapaz

Las experiencias compartidas aportaron lecciones, múltiples elementos de reflexión y también mostraron retos. La búsqueda en vida de personas desaparecidas ha sido desatendida a favor de la búsqueda en muerte y las familias no solo han denunciado ese error, también la han exigido y no han cesado de buscar en esa modalidad. Impulsadas por una esperanza que se mantiene contra viento y marea, han desarrollado metodologías de una sorprendente diversidad y riqueza. Como la desaparición es compleja, complejos son los caminos que han tramado para la búsqueda de sus seres amados. Eso dejaron en claro los expertos en el Coloquio. Algunas de las lecciones que dejaron pueden resumirse como sigue.

Buscar ¡Ya! Las alertas –como la amber– que ya existen en nuestro país, lo indican (aunque las autoridades no actúen en consecuencia), y las experiencias de éxito confirman que un principio para lograr la búsqueda en vida, es que se inicie de manera inmediata. Aunque también se dan casos en los que después de años, incluso décadas, se han encontrado a seres queridos que habían desaparecido, lo cierto es que en contextos rurales(1), urbanos, de paz y con mucho más enfáticamente, en escenarios de violencia, las probabilidades de encontrar a una persona desaparecida con vida son amplias las primeras horas.

Realizar un perfil denso de la persona desaparecida. Algunos de los testimonios expusieron el dolor que supone ir al encuentro de una persona que suponían era su familiar, pues se parecía mucho a la imagen que se mostraba en las búsquedas, y confirmar un hallazgo fallido. Por eso es crucial recabar la mayor información posible de la persona que se busca, sin desestimar ningún dato, no dar nada por sentado, considerando aquellos los aspectos variables (como el peso) y los no variables (como la estatura).

Buscar en compañía y hacer comunidad. Esto es fundamental, sobre todo en escenarios como el de México, donde las violencias cruzadas, la impunidad y la institucionalización del crimen, propician que el riesgo de las personas desaparecidas se extienda a quienes las buscan. Por ese motivo es muy importante establecer mecanismos que den un soporte a quienes están buscando, y el primero de ellos, es acompañarse en la búsqueda. Buscar en solitario supone tomar riesgos innecesarios. Una forma de acompañarse, es también recurrir al conocimiento de los datos, de las pistas, y de la información que tiene la población donde ocurrió la desaparición. En contextos de riesgo esto es difícil, pero apelar a su empatía –esto es, hacer comunidad– posibilita el acceso a esos datos cruciales.

Planear las búsquedas. Los testimonios de quienes llevan años realizando búsquedas en vida, coinciden en la necesidad de organizar la búsqueda. Para eso es necesario conocer el contexto, hacer comunidad, agruparse y organizarse. Aunque la desesperación sugiera lo contrario, no es aconsejable salir a buscar sin unas coordenadas de por dónde, cómo y con quién hacerlo.

Usar creativamente el derecho y los mecanismos legales: El amparo buscador. Una forma común de recurrir a la ruta legal cuando se trata de la búsqueda de personas desaparecidas, es presentar una denuncia –esto es, iniciar la ruta penal–, no es la única. El uso del juicio de amparo en lo que se conoce coloquialmente como el “amparo buscador”. Esta modalidad de juicio hace las veces de un habeas corpus en los casos en los que se sospecha que hubo participación de algún servidor público. Con dicho recurso legal, según Ariana García quien lo ha empleado en Coahuila, se ha logrado localizar a la mayoría de las personas desaparecidas, aunque en muchas ocasiones y por desgracia, sin vida.

Coloquio ¡Hasta Encontrarles! en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Foto: Serapaz

Apropiarse de los términos y conocimientos legales. Presentar un amparo, una queja o una denuncia no es la única manera de usar al derecho. Un aspecto tan importante como la presentación de esos recursos, crucial para cualquier otro trámite, es la traducción y la apropiación de la jerga legal por parte de las víctimas. La angustia que experimentan quienes tienen desaparecido a un familiar, además de otras circunstancias (como sus accesos socioculturales, su capacidad económica, su género o su lugar de origen) recrudecen su vulnerabilidad y propician la revictimización por parte de las autoridades estatales. Para contrarrestarlo, en el Coloquio se habló de un ejercicio de autodefensa jurídica, en el que el conocimiento por parte de las víctimas y sus familiares de los derechos que les corresponden y de los términos legales, propicia su empoderamiento ante las instituciones.

Tejer alianzas, también en el Estado. El Estado y sus instituciones provocan desconfianza. Eso se lo han ganado a pulso. Sin embargo, nada es homogéneo. Aunque escasas, existen personas dentro de las instituciones que pueden aportar información, posibles rutas de por dónde seguir, o dónde abandonar la búsqueda o las investigaciones. Eso ha sido particularmente relevante en el hallazgo y el regreso a casa de mujeres víctimas de trata sexual.

La búsqueda en vida de las personas desaparecidas exige tanto urgencia como un alto nivel de sofisticación. Sus familiares, además de activistas, impulsados por el deseo de encontrar a sus seres queridos, se han convertido por la vía de los hechos, en verdaderos investigadores, policías, peritos. Han desarrollado un caudal enorme de conocimientos y de saberes que siguen engrosando. Su labor ha sido fundamental ante los vacíos que el sistema de búsqueda de personas representa. Ojalá que las autoridades respectivas en el país cooperen y aprendan de ellos, y aún más, que estén a su altura.


(1) José Romero, experto en búsqueda y rescate de personas desaparecidas, ha traducido toda una metodología internacional en el volumen https://www.juntadeandalucia.es/export/drupaljda/Manual_busqueda_y_salvamento_terrestre.pdf donde se muestra que las probabilidades de hallar en vida a la persona desaparecida se reducen cuando el tiempo avanza.


*El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna, Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador y estudiantes asociados a los proyectos del Grupo (Ver más: www.giasf.org)

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