Otras miradas a las desapariciones en las fronteras de México (IX)
En este artículo se describen algunas consecuencias de una desaparición, acaecida a finales del siglo pasado, de un emigrante mexicano en un desierto estadounidense, y cómo la no localización tan prolongada afectan a la familia, tanto emocionalmente como en el proceso de búsqueda. El paso del tiempo, el contexto de la desaparición binacional y las distintas partes implicadas (Estados, instituciones, personas) son ejemplos de esta problemática, y, también, ofrecen atisbos para encararla.
Jesús Pérez Caballero/ COLEF
Introducción
Conocí personalmente la desaparición de un emigrante mexicano, ocurrida en 1999, en un desierto en la frontera de EEUU con México. Este tipo de desapariciones, binacionales y prolongadas en el tiempo, suponen retos de todo tipo, cualitativamente disímiles a los que se enfrentan en casos de desapariciones recientes y ocurridas en suelo mexicano.
Consideremos el paso del tiempo. Si se toma el lapso desde la desaparición hasta el día de hoy, a la dificultad (emocional, económica, etc.) de mantener una búsqueda durante décadas, se añade la necesidad de tener que incorporarla a la cotidianidad de los distintos ciclos vitales. ¿Cómo se platica de quien ya no está, pero puede estar, con la hija que crece, la mujer que no puede llamarse viuda o los padres?
Igualmente, ¿cómo prepararse en caso de que haya un regreso, tras tanto tiempo? Es difícil imaginar esto, pero suceden casos de personas no localizadas que tras mucho tiempo regresan. Si bien pueden ser casos excepcionales, se necesita investigar mucho más al respecto, sobre todo en términos psicológicos e intrafamiliares.
El lugar de la desaparición (un desierto en el suroeste de California), ya en territorio de frontera estadounidense, agrava la impotencia y la indefensión. Las búsquedas requieren la coordinación binacional (por añadidura, uno de los países habla una lengua distinta). Mientras tanto, las administraciones políticas y, con ello, las percepciones públicas, cambian en ambos países. La misma frontera ha cambiado en estos tiempos (más militarizada, tecnológicamente más inmisericorde)… ¡Hasta varían los documentos, la terminología o la forma en que se anota a quien desaparece! Todo cambia, pero la imagen del desaparecido en los familiares permanece anclada al momento de la desaparición. Esa disparidad puede crear una sensación de irrealidad.
La misma idea que se tiene sobre el desaparecido es diferente. En muchas ocasiones, tiempo atrás, la sociedad consideraba que quien se arriesgaba a pasar al otro lado también debía asumir los peligros de ello y se solía minimizar ese tipo de casos. También se estigmatizaba al mismo desaparecido, haciéndolo responsable de su estatus, por dolo o negligencia. En otras ocasiones, se consideraba que la decisión de quien se marchaba era de índole tan personal, que no saber de él no llevaba correlativo el impulso de buscarlo.
Si bien estas percepciones se mantienen (y, a veces, ilustran situaciones reales), hoy puede afirmarse, tras muchos pasos atrás y adelante, que se reconoce la importancia moral, social y política de buscar a los desaparecidos. Los colectivos de búsqueda, las instituciones (agencias gubernamentales, leyes, peritos especializados) que afrontan el problema, los periodistas, los mismos deudos, tienen medios y discursos con los que buscar, demandar búsquedas y fiscalizarlas. Sin embargo, una desaparición como la que explico en este artículo, que atraviesa todos los vaivenes en esa percepción pública e implementación institucional, genera de por sí una búsqueda fragmentada.
Estas situaciones configuran unas líneas desde las que se exponen y reinterpretan en este artículo algunos hechos dispersos en estas décadas de búsqueda y que pueden servir a otras personas que buscan a sus desaparecidos tras un lapso tan grande, de un cuarto de siglo.
Las referencias a “Sera”
Las referencias a Serafín, el tío de mi pareja, desaparecido en el sureste de California, eran habituales en la familia. Fuese como un recuerdo en celebraciones familiares o un ejemplo en conversaciones sobre la migración a EEUU o la crisis de desaparecidos en México, se solía mencionar que, del grupo de migrantes que intentó cruzar en 1999, unos regresaron y él tuvo la mala suerte de extraviarse en el desierto. Un lugar peligroso, por las altas temperaturas y el acceso tan difícil. Los familiares lo buscaron, pero tras un cuarto de siglo, “Sera”, quien en ese momento tenía 37 años, continúa en ese estatus de “no localizado”.

Al preguntar más, sus familiares me remitieron a todo lo que recorrieron por ese desierto, a las inquisiciones en oficinas gubernamentales mexicanas y estadounidenses, y también al recuerdo, una persistencia cercana, de Sera. Nada distinto a lo vivido por otros deudos en México.
Al recuerdo, ayuda que le compusieron un corrido. Con la mezcla de generalidad y dato duro de este género musical, se asienta que salió en junio de 1999 (casi una semana antes de desaparecer) de su pueblo La Luz de Juárez (en la región de La Montaña del estado de Guerrero). Llegó a un hotel de Tijuana, donde “tenía que decir la clave”, para que lo intentasen pasar al otro lado. Con otros más que salieron de su pueblo, hizo la ruta Tijuana-Tecate-Mexicali. Quien observe en un mapa este trayecto, verá que es la idónea para pasar por el desierto del Colorado (parte del desierto de Sonora), al sureste californiano, en el límite con Arizona.
Pero hubo una “muy mala decisión” inicial: la de bajarse de un carro en el desierto, para cruzar caminando, con la guía de dos coyotes. Esto duró 18 horas, “pasando cerros y montes”, y no se pudo llegar al otro lado. Al grito de “¡corran!”, todos “se perdieron en la noche”. Tras ello, “la migra” estadounidense (Patrulla Fronteriza, Border Patrol) los agarró y regresaron a México.
Sera, aun con una pierna lesionada, volvió a intentar cruzar. Esta vez, usaron una troca guiada por coyotes por el desierto, pero cuando el vehículo falló, los coyotes abandonaron a los migrantes. En el corrido se nos dice que “el grupo se dispersó, cada quien a la deriva”. Sin agua y en ese lapso, Sera ya no estaba [1].
26 años atrás: “El expediente sigue abierto y seguirá abierto hasta que encontremos algo”
Aunque pase el tiempo, es delicado preguntar sobre circunstancias aún más concretas de la desaparición, así que tecleé el nombre completo del desaparecido en Google. Había notas dispersas en prensa y publicaciones de redes sociales, pero me llamó la atención que un libro de un famoso autor estadounidense, William T. Vollmann (Los Ángeles, 28 de julio de 1959), está dedicado a Sera [2].
En el capítulo “El final desconocido de Serafín Ramírez Hernández” (The unknown end of Serafín Ramírez Hernández), el escritor establece a Sera como el paradigma del emigrante perdido al intentar cruzar a EEUU. Así, leemos que Vollmann, veinte días después de la desaparición, encuentra en Imperial (una de las principales ciudades de la zona californiana de la desaparición) a dos jóvenes que reparten volantes donde se alude a Sera. Ellos le explican que los polleros “lo habían llevado a través del desierto hasta Northside en una camioneta Dodge de 1979 que se sobrecalentó y finalmente se incendió al sur de Carrizo Wash”. Aunque se rumoraba que la Patrulla Fronteriza “había encontrado cadáveres dentro del Dodge, […] cuerpos quemados”, el Calexico Chronicle señaló que no los había en el carro incendiado. En ese lapso, también encontraron a nueve personas dispersas entre 3-8 km al sur de la Carretera 78.
Lo escrito en el capítulo difiere levemente de lo narrado por la prensa mexicana tras los hechos; por ejemplo, La Crónica de Baja California publicó que la Patrulla Fronteriza del Condado de Imperial, en su búsqueda iniciada el 24 de junio de 1999, rescató a 22 emigrantes al Sur de Salton City [3]. Quizás, lo masivo de las desapariciones y los rescates en esa región contextualizan la dificultad de las cifras.
En una nota de prensa del mismo día, La Voz de la Frontera menciona a “criminales”, en referencia a los “polleros”, como quienes desencadenaron los hechos. También alude a la localización de la veintena de migrantes y a la persistencia de búsquedas “por tierra y aire”. El primer emigrante rescatado contó al respecto que:
“formaba parte de un gran grupo el cual había sufrido la descompostura e incendio de la van [furgoneta] en la que eran transportados por los guías, estos les dijeron que irían por ayuda y los dejaron en un lugar donde no había agua ni sombra alguna, era de madrugada así que al principio la espera no fue difícil, pero al arreciar las temperaturas, comenzaron a caminar en busca donde guarecerse de los inclementes rayos del sol y en busca de agua”[4].
El esposo/padre/ tio/ hijo Sera, reaparece en otro capítulo del libro Imperial. Seis semanas después de la desaparición, un burócrata del consulado mexicano de San Diego responde a Vollmann que Sera sigue sin aparecer. Ni en hospitales, ni en centros de detención, ni donde se busque habitualmente a quienes les pasa frecuentemente lo mismo. “El expediente sigue abierto y seguirá abierto hasta que encontremos algo” [5], dicen de nuevo, y uno se pregunta si la repetición es innecesaria o necesaria.
26 años después: Líneas tentativas para no agotar una desaparición [6]
Nadie de la familia de mi pareja sabía del libro de Vollmann. Cuando lo comenté hubo sorpresa, curiosidad (“envíame el e-book”) y, sobre todo, tristeza. En general, como he mencionado, las búsquedas tan dilatadas son un vaivén de décadas y a la paciencia la atraviesan líneas capaces de trazar caminos que fragmentan el horizonte de la búsqueda, puesto que se acaba conviviendo con poder encontrar y no a Sera.
El tiempo transcurrido afecta de distinta manera y el dolor reúne, pero ahoga. A veces, se puede coexistir con las desapariciones, por la entendible normalización: es decir, sucede que a algunos deudos les sobrepasa continuar una búsqueda en un lugar tan lejano, con el coste correspondiente, y donde es difícil saber qué puede hallarse tras tanto tiempo. Mientras, otros hermanos se preguntan si la búsqueda, durante tanto tiempo (cuando, lamentablemente, una posibilidad es que el desaparecido haya fallecido), no ahondará en la tristeza de la familia.
A la vez, Lola, una de las hermanas del desaparecido, la más joven, ha retomado lo que los otros (principalmente, Sofío), han hecho; Lola estaba en una disposición idónea por vivir en EEUU [7]. Ella, cuando lo de Sera, tenía 16 años. Platica que el desconocer su paradero era una espinita clavada en la familia y se acuerda, por ejemplo, de la incertidumbre continua de su madre, mencionando la “impotencia” que la desaparición les generaba. Entonces, la búsqueda de Sera se desdoblaba en otra búsqueda, igual de acuciante y sobrevenida, la de la “paz interior para la familia”.
Un desaparecido al que se busca, atrae y retiene la fuerza, paradójica, de emociones más poderosas que cuando el individuo estaba presente corpóreamente. Tal vez porque, como un pararrayos invisible, concita emociones, estrategias, silencios, preguntas, que están en uno. Los equilibrios entre los imperativos humanitarios de la búsqueda y la reconciliación o, al menos, la suavización y asimilación de todo lo que se rompió en el núcleo doméstico… Son sacudidas que enraízan en esos entornos íntimos y, cuando se los intenta ver con los ojos de un fuereño o alguien que no ha sufrido eso, se quiebran en sus apariencias y se alejan de la comprensión de quien no lo vivió [8].
Pueden evocarse algunos retazos de lo difícil y emotivo de estas pláticas, unas expresas, otras tácitas, en el seno de esa familia. Por ejemplo, quizá pueda imaginarse una conversación tal que:
— Hermano, dime si nuestro otro hermano ya no está con nosotros, pues quizá tú realmente sabes algo, necesito saber si saber si él ya no está aquí y por no decirle a los papás, darle la mala noticia, se quedó la cosa así, que se mantuviera la misma situación, “no lo encontramos, así le quedamos”, tú que te metiste de lleno, tal vez te dieron malas noticias, a estas alturas queremos saber.
Pero claro que no, nadie sabe todavía el paradero y la búsqueda sigue. Lola, quien lleva ahora el peso de la búsqueda, dice que mira su fotografía y le habla: “Te voy a encontrar, de todas formas”. A su modo, como pueda, dice también que va a empezar a investigar y Sofío, que había sostenido la búsqueda durante estas décadas, dijo: “Está bien, adelante”. Unos familiares la apoyaron, otros dicen que para qué, y para otros ya no es necesario. Pero ella repone:
— Yo nomás les estoy avisando, como hermanos.
Ella sabe los hechos de la desaparición así:
Sera, su cuñado y dos personas más salieron del pueblo de la Luz en junio de 1999. Llegaron a Tijuana al hotel, donde les dieron una recámara. Se unieron más personas. En total, iban a pasar al gabacho una veintena. Les dieron gorras negras y botellas de agua. Les indicaron que no fueran todos en grupos, sino de tres en tres, con distancia entre ellos. Les llevaron a una avenida, luego a un bus, por la Mexicali-Tecate.
Antes de llegar a Tecate, pasaron por un tramo de La Rumorosa. Se bajaron y llegó el coyote. Les dijeron que iban a caminar de dos a tres horas. Se confiaron, pues creyeron que no era mucho. No cruzaron al primer intento. Los encontró un grupo del grupo BETA mexicano (“Grupos Beta de Protección a Migrantes”). Al parecer, les dijeron:
— No se espanten, pero esta persona les engañó, el coyote les engañó, esta es una zona peligrosa.
Después los subieron a unas camionetas y los regresaron al hotel.
Al día siguiente, intentaron caminar tres o cuatro horas. La persona del pueblo que iba con ellos le dijo al coyote que ya pasaban diez horas y no habían cruzado, todavía. A lo lejos, vieron una ciudad, en la tardecita o noche, o las luces de la migra. En un momento pasó la pérdida. Un tío medio hermano del papá de Lola, sabe qué coyote es, pero dejaron de hablarle.
Conclusión: Esperar al último mes
Paulatinamente —nunca con la urgencia que demandan estos casos—, se han logrado cosas, impensables a finales del siglo XX. Por ejemplo, técnicamente, se cruzan datos genéticos y se construyen bases de datos. O políticamente, EEUU y México se toman en serio la problemática.
Por ejemplo, la Operación Gate Keeping (1 de octubre de 1994), aprobada en la administración federal de Bill Clinton, redefinió la frontera México-EEUU en los términos de seguridad tecnológica y barreras logísticas, tal y como la conocemos hoy. Es en ese contexto que Sera y otros tuvieron que ir más hacia el este a una zona más peligrosa. El aumento, por miles, de las personas muertas y desaparecidas en la frontera, o la sustitución de los contrabandistas por redes más complejas, tienen un factor importante en esa decisión estadounidense [9].
Frente a ello, debería entenderse que la desaparición en el espacio binacional (México/EEUU) en un reto enorme, pero que también abre la puerta a ayudas recíprocas, que entiendan la frontera norte como un espacio humanitario donde se prioricen aspectos diferentes a los que aumentaron el riesgo de Sera.
Mientras, en México, con muchos rezagos, al menos, quienes buscan a sus desaparecidos tienen “algo” de apoyo estatal. De nuevo: es muy poco lo que se logra, y se comprenderá con los zigzags administrativos que contaba Lola. Por un lado, ella empezó a investigar qué hacer en estos casos de desapariciones en la frontera norte:
— Me puse a hacer llamaderos por todos lados. Estuvo hablando a los consulados de Calexico y San Diego (California), y, a partir de ahí, fue un rush de idas, venidas, llamadas y pasos, que tal vez no sea distinto a otros casos
Así, le dijeron que el caso estaba cerrado y que ya no se hizo seguimiento. Pero no le dieron ningún número de expediente. Al insistir, hicieron un nuevo caso, pero tampoco le dieron ningún número de seguimiento.
Les recomendaron que se hiciera una muestra de ADN.
Ella respondió que la familia se había hecho la muestra con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Efectivamente, la hija del desaparecido y un hermano se hicieron pruebas de ADN (sangre) en febrero de este año, en Chilpancingo, Guerrero, en la sede de la Comisión Estatal de Búsqueda. [10].
Es la búsqueda del match entre los datos de antes de la muerte (ante mortem, AM) de las familias con los posteriores (post mortem, PM) que logren encontrar las autoridades estadounidenses y quienes los busquen. Dicho de otro modo, poner el reloj del cuerpo a la hora de la vida, y ese esfuerzo puede durar más de una vida.
Por teléfono, en el consulado mexicano de Seattle respondieron a Lola que no podía cruzarse la información con la del EAAF y le dijeron que, si quería, le hacían la muestra gratis (saliva), en Acapulco. Pero le recomendaron que, mucho mejor, se las hiciera en EEUU, ya que se procesarían en ese país y en el traslado desde México podría suceder algo. Además, había un programa para apoyar a las familias para hacerse las muestras, el Programa Condado Pinal de Arizona. Finalmente, Lola se la hizo el pasado 30 de mayo, en Seattle, donde reside. Se supone que a finales del año le darán alguna noticia.
¿Qué más hacer? Hay una web estadounidense llamada NamUs, “Nómbranos” [11]. La web se ha ido actualizando; la revisé y hay cuerpos (en algunos casos, y sé que escribir esto es horrible, sólo partes) que podrían coincidir con la de su búsqueda. La página se va alimentando con esos nuevos datos, 2016, 2024…
Pero Lola no mira bases de datos: le impacta ver esos cadáveres. A la ruptura del tiempo que supuso el irse de Sera, los que lo buscan ofrecen, como toca, sus propios tiempos.
*Este texto es una colaboración entre el LEVIF (https://www.colef.mx/levif/), de El Colegio de la Frontera Norte, y A dónde van los desaparecidos.
El Laboratorio de Estudios sobre Violencia en la Frontera (LEVIF) es un proyecto académico y humanista de El Colegio de la Frontera Norte que tiene como objetivo analizar la violencia criminal en esta región fronteriza, generar eventos y documentos de divulgación científica sobre el tema.
Jesús Pérez Caballero es escritor y jurista. Investigador por México de la SECIHTI, comisionado en El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros (Tamaulipas). Actualmente, realiza una estancia sabática en la Universidad Jaume I de Castellón (Comunidad Valenciana, España), donde forma parte del Centro de Investigación La norma y la imagen (CINIC).
Web: https://archive.org/details/@jpcaballero
La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición del LEVIF ni de A dónde van los desaparecidos.
Foto de portada: cortesía Jesús Pérez Caballero
Referencias
[1] El corrido, compuesto por J. Félix Cruz Gutiérrez, se titula El migrante olvidado: https://www.youtube.com/watch?v=dD8edWCxIxs, publicado el 27 de junio de 2019.
[2] Vollmann, William T., Imperial, Viking Penguin, EEUU, 2009. La dedicatoria es:
“In memory of SERAFÍN RAMÍREZ HERNÁNDEZ unknown, missing, illegal, Mexican” (“En memoria de SERAFÍN RAMÍREZ HERNÁNDEZ desconocido, desaparecido, ilegal, mexicano”). Mayúsculas en el original.
La palabra Imperial se refiere al Valle de Imperial, que incluye, entre otros lugares, al Condado de Imperial. Las ciudades más importantes, además de Imperial, son Calexico, El Centro y Brawley. Hay otras como Calipatria, Holtville, Salto City o Westmorland.
[3] La confusión puede llegar debido a que del grupo de Sera el rescate fue de diez, mientras que uno lo hallaron a 8 km al sur de la carretera 78, y a otra docena, en el área de Carrizo Wash, a 9 km al oeste y 8 km al sur de la intersección de las carreteras 78-86. Romero, Nereida, “Rescata la Patrulla Fronteriza 22 migrantes a punto de morir”, La Crónica de Baja California, sábado 26 de junio de 1999, Mexicali, B.C., https://www.facebook.com/photo?fbid=312680559178202&set=pcb.312680955844829
Los recortes de la prensa de la frontera norte subidos a Facebook me los compartió Sofío, hermano del desaparecido, ex senador, entre otros cargos políticos, y uno de quienes conoció Vollmann repartiendo panfletos inmediatamente tras la desaparición.
[4] Galván, Juan y Valdez, César, “Rescató Ayer la Border Patrol a 22 Migrantes”, La Voz de la Frontera, sábado 26 de junio de 1999, Mexicali, B.C., https://www.facebook.com/photo/?fbid=312680805844844&set=pcb.312680955844829
A la vez, se plantea que “el resto del grupo [de no localizados] hubiera podido encontrar medio de transporte y haber salido de esa peligrosa zona”. Los cadáveres en distintas partes de la Highway 78 son, a tenor de la nota, frecuentes.
Días después, el mismo periódico concreta que Sera “aparentemente se perdió en el desierto [el viernes 24 de junio de 1999], luego de que la camioneta en que viajaba junto con otros migrantes, se incendió en la zona de Brawley, California”. Y añade “la posibilidad de que Serafín haya encontrado auxilio a través de particulares que lo hayan levantado del lugar […]”. Galván, Juan y Valdez, César, “Buscan a Mexicano Perdido en el Desierto de Estados Unidos”, La Voz de la Frontera, Mexicali, B.C., jueves 1 de julio de 1999, https://www.facebook.com/photo?fbid=312680539178204&set=pcb.312680955844829
[5] Vollmann, ob. cit., “Epitafios en un periódico”.
[6] El título es una alusión a una obra del autor francés George Perec (1936-1982), donde estudia, hasta la extenuación, un único lugar parisino, sobre todo, a partir de aspectos como las letras del paisaje, los automatismos de la población o las irrupciones en las inercias de la ciudad. Perec, Georges, Tentativa de agotar un lugar parisino, Jorge Fondebrider (trad.), Beatriz Viterbo Editora/letra e, Rosario (Argentina), 1992 [1975]. No es una de las mejores obras del escritor de origen judío polaco, que tiene maravillas como Las cosas (1965), Un hombre que duerme (1967) o La vida instrucciones de uso (1978).
[7] Comunicación personal (llamada por WhatsApp), 5 de agosto de 2025.
[8] Como esa corona de plumas de la que escribe Isaac Bashevis Singer en uno de sus cuentos: La protagonista del cuento es incapaz de probar o explicar un objeto maravilloso; en específico, una corona de plumas que había sobre su cama. Ello simboliza la intransmisibilidad, que, en este artículo, obviamente, se refiere a otras situaciones extraliterarias. Singer, Isaac Bashevis, “Una corona de plumas” en: Cuentos, Rhoda Henelde Abecasis y Jacob Abecasis Hachuel (traductores), Lumen, Ciudad de México, 2018. Este sí es uno de los mejores cuentos del escritor en yidis.
[9] Davis, Kristina, “Operation Gate Keeper at 25: Look back at the turning point that transformed the border”, Los Ángeles Times, 30 de septiembre de 2019, https://www.latimes.com/california/story/2019-09-30/gatekeeper-anniversary-25-san-diego-border
[10] El Acta del EAAF (5 de febrero de 2025) señala que la iniciativa es parte del “Proyecto Frontera”. Sera es un Migrante No Localizado (MNL). Por el EAAF se persona una ciudadana colombiana radicada en la CDMX. El laboratorio genético que realiza el estudio se llama Bode Technology.
[11] Sistema Nacional de Personas Desaparecidas y No Identificadas (National Missing and Unidentified Persons System): https://namus.nij.ojp.gov/
Los hallazgos se clasifican por caso, fecha de encuentro del cuerpo, edad mínima y máxima, ciudad, condado, estado, sexo biológico, raza/etnia y fecha de modificación; a la vez, pueden visualizarse según un mapa: https://www.namus.gov/MissingPersons/Search#/results
Se entiende que el ADN obtenido de los familiares de Sera, se cotejará con los restos del área, resguardados o por hallar.