“Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo” narra una desaparición y un crimen de Estado. Alicia de los Ríos Merino revela, en cuatro capítulos, lo ocurrido con su madre, integrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre. La pieza, una producción de Teatro Línea de Sombra, reúne voces, objetos, música, para crear un “archivo vivo” sobre el escenario
Por Luna Rondón y Eui Chin Talamantes para A dónde van los desaparecidos
Las luces aún no se apagan. Tres mujeres llamadas Alicia, de distintas generaciones, se materializan en una gran fotografía al fondo del escenario. La música, el acompañamiento sonoro, podrían ser sonidos marinos o motores de avión. Pero son otra cosa. Cuerdas, sonidos muy graves, que potencian los testimonios.
Entra en escena la performer Shantal Saad. Luego, Alicia de los Ríos Merino se dirige a una de las tres sillas colocadas al frente del escenario. Baja la luz.
“Mi nombre es Alicia de los Ríos Merino. Soy de Chihuahua, historiadora, y busco a mi mamá que está desaparecida, del mismo nombre. Ella desapareció el 5 de enero del 78, aquí, en la Ciudad de México”. Su madre era militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). Fue privada de la libertad por la Brigada Blanca —creada para combatir a los grupos insurgentes e integrada por policías militares y estatales—. Nunca tuvo un proceso judicial. Su rastro se pierde en la Base Aérea Militar No. 7 de Pie de la Cuesta, en Acapulco.
Hay cajas blancas sobre el escenario, que son abiertas por Shantal durante la obra. Muestra un saco, una camisa, un pantalón, que pertenecieron a Enrique Pérez Mora, el padre de Alicia. Hay retratos hechos a mano, fotografías, y se escuchan testimonios en audio, canciones guerrilleras; se observan también registros audiovisuales, como el cuerpo de un taxista con una cicatriz de bala. Un taxista que fue testigo de la balacera que dio pie a la persecución y posterior desaparición forzada de la guerrillera, y que es, al mismo tiempo, víctima de la violencia.
“¿Fecha de nacimiento?”, pregunta, inquisitiva, la performer.
“6 de febrero de 1977”.
“¿La fecha es correcta? ¿Cómo la sabe?”.
“Sí, se la dijo mi mamá a mi familia cuando llamó para que vinieran por mí, aquí, a la Ciudad de México”.
Esta es la historia de Alicia de los Ríos Merino, guerrillera desaparecida; de su madre, Alicia Merino Figueroa, que inicia la lucha por encontrarla, y de su hija, registrada con el mismo nombre, Alicia de los Ríos Merino, que continúa su búsqueda y encarna a las tres en escena. En una hora y media se narra una investigación que la familia de la historiadora comenzó hace casi 50 años, centrada en la incesante búsqueda de su madre.

En la imagen, a la derecha, las tres Alicias en la pantalla del teatro: abuela, madre, hija. (Luna Rondón)
Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo es una pieza de investigación de Teatro Línea de Sombra (TLS), compañía fundada en 1993. La obra, que se representa hasta el domingo en el foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, es el testimonio de un crimen de Estado.
“Yo no conocí a mi mamá, pero me gusta pensar que sé todo sobre ella. Yo creo que quien experimenta la ausencia se convierte en buscador”.
Un recorrido de cinco décadas
Cerca de la entrada al teatro, el dramaturgo Luis Mario Moncada observa la puesta en escena. Hay risas en la sala, la respuesta a ciertas frases que Alicia dice con humor, lo que aligera la tensión.
Moncada recuerda que su primer contacto con la llamada “guerra sucia” ocurrió en agosto de 1976, frente a un puesto de periódicos. Un titular informaba sobre la muerte de David Jiménez Sarmiento, el segundo miembro más importante a nivel nacional de la LC23S, durante el intento de secuestro de Margarita López Portillo, hermana de quien estaba a punto de asumir la presidencia del país. El actual coordinador nacional de Teatro del INBAL tenía entonces 13 años y la cara del muchacho en el periódico no le pareció que representara una amenaza.
Cinco décadas después, el equipo creativo plantea la cartografía de la obra en cuatro capítulos: Chihuahua, donde Alicia de los Ríos nació y creció rodeada de manzanos, antes de convertirse en miembro de la LC23S; la colonia Nueva Vallejo en la Ciudad de México, el lugar de su detención; el penal de Oblatos en Guadalajara, del que en 1976 se fugaron militantes de la liga, y Pie de la Cuesta, donde se ubica la Base Aérea Militar No. 7, de la que partieron los “vuelos de la muerte”, una práctica criminal del Ejército durante la “guerra sucia” que consistía en arrojar al mar, desde aviones, los cuerpos de disidentes políticos.
“Cuando hacíamos esta investigación pensamos que teníamos que pasar por una fecha entre la fuga de Oblatos y la detención de Alicia [dos años después], y esa era el 11 de agosto de 1976 en la colonia Condesa”, cuando se frustró el secuestro de la hermana de José López Portillo, narra Alicia en escena. En ambas acciones participó su madre, la guerrillera.
Para Moncada, fue una necesidad casi circular incluir en la obra ese episodio: la pregunta de lo ocurrido le acompañó desde los 13 años; ahora, ese muchacho del periódico vuelve y se materializa en escena con Alicia.
En cuanto a la escritura, Moncada, un dramaturgo “ecléctico”, define su colaboración con TLS como “un salto al vacío”. Es un espacio de descubrimiento, de colaboración, en el que todos buscan trascender lo “efímero de la representación”, para que quede en el público la curiosidad de adentrarse en otros materiales, ya sean del caso de Alicia de los Ríos o de otros delitos de desaparición forzada.
“Aquí yo no sé si el texto que escribo va a ser dicho por un actuante o si va a ser proyectado o si va a ser grabado”, explica Moncada; por eso, el guion está dividido en partes autónomas, “como si fuera un fichero”, escrito a seis manos, junto con el dramaturgo Eduardo Bernal y el director de la obra, Jorge A. Vargas.

A lo largo de la obra se muestran objetos y prendas que remiten a distintos momentos de la historia. (Luna Rondón)
En escena, Alicia cuenta también la historia de Enrique Pérez Mora, el Tenebras, su papá, mientras Shantal muestra una camisa a cuadros, un pantalón de pana y un suéter rojo. “Mi mamá vio en el periódico el cuerpo de mi papá con la ropa que ella le había ayudado a escoger”, recuerda. La pareja se conoció durante la fuga de Oblatos; en mayo, Alicia de los Ríos estaba embarazada, y un mes después Enrique murió en un enfrentamiento con agentes de seguridad.
Para Moncada es importante poner el acento en los objetos y las prendas que abundan en la obra. “El simple objeto ya nos está diciendo algo, lo que se exhibe ahí nos da la dimensión de un cuerpo. Una vez contextualizado, nos habla de estos procesos en donde los seres queridos manejan esas transmisiones, esas herencias”.
Un “archivo vivo”
Jorge A. Vargas, el director de la obra, dice que trabajar con Alicia les permitió darse cuenta de que “tiene en la piel todo ese archivo que es la historia de su madre, pero también su propia historia de búsqueda”.
Cofundador, pedagogo y director de TLS, reflexiona sobre lo que significó “encontrar el formato idóneo para contar que el caso de Alicia [de los Ríos] es una herida en la historia de este país que no termina de cerrar”.
Vargas explica que el diseño de la obra consistió, “sobre todo, en no tratar de crear un solo testimonio, sino procurar, en complicidad con Alicia, levantar un archivo vivo”, que plantea la investigación en tiempo presente.
El director llega al teatro dos horas antes de la función y guía a las intérpretes en una serie de respiraciones y estiramientos que les ayudan a relajarse, les desea después “mucha mierda” —como se acostumbra antes de cada función— y, durante la representación, se sienta en una mesa junto al escenario para dirigir con sutiles movimientos de mano la entrada de cada uno de los sonidos, las luces y la música de Juan Pablo Villa y de Shantal, que conforman una atmósfera que llevará a que el público se sienta, inevitablemente, conmovido.
“Fragmentos de verdad”
“Nosotros muchas veces hemos trabajado con archivos en diferentes obras”, señala Alicia Laguna, cofundadora, productora y actriz de la compañía. La trilogía “Fragmentos de verdad”, que cierra con Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, es un territorio de posibilidades, explica Vargas, con el que buscan cuestionar “por qué las verdades siempre aparecen fragmentadas, dejando enormes huecos en donde la justicia se escamotea”.
Con Amarillo, una obra sobre la migración y los peligros que acechan en la frontera con Estados Unidos, TLS comenzó en 2009 a investigar en archivos documentales. “Hay un periodo de laboratorio escénico, y de montaje y creación, que es lo que hemos hecho estos últimos años”, dice Laguna.

Shantal Saad interroga a Alicia de los Ríos Merino sobre su biografía. (Luna Rondón)
La trilogía “Fragmentos de verdad” inició en 2022 con Zona clausurada, una instalación performática que abordó las dificultades de la búsqueda de personas desaparecidas en territorios tomados por el crimen organizado, y continuó en 2025 con Las periodistas cuentan, en la que un grupo de profesionales narra los riesgos de ejercer el periodismo en México.
Para Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo hablaron con investigadores, testigos, historiadores, periodistas, familiares de desaparecidos, militantes, activistas y abogados, además de consultar archivos del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh), la Dirección Federal de Seguridad, y las investigaciones de la periodista Marcela Turati. El equipo hizo también trabajo de campo; caminaron por la colonia Nueva Vallejo, donde Alicia de los Ríos fue detenida-desaparecida por la Brigada Blanca.
“¿A qué sonará una voz que viene del fondo del mar?”, se pregunta Shantal, en entrevista. En el proceso de laboratorio, el equipo procuró deconstruir datos en un lenguaje no textual. “Si queremos sonidos, por ejemplo, de aviones, encontramos notas de violonchelo, o algunos otros instrumentos, que a su vez se derivan de un software”, ejemplifica.
“Siempre nos ha interesado que las piezas tengan capas: visuales, auditivas, textuales”, agrega Laguna. Esa es la propuesta para acompañar a Alicia en el escenario. Un “teatro de la presencia” que, en palabras de los fundadores de TLS, permite habilitar un espacio escénico con las herramientas poéticas del teatro para que pueda surgir un relato, y encontrar la manera de convertir “en documento artístico los documentos de la realidad”.
La piel de Alicia
“Como académica de la UACH —Universidad Autónoma de Chihuahua—, siempre estoy viajando a [la Ciudad de] México. Busco que lo académico lo pueda mezclar para hacer el litigio aquí”. Alicia cuenta que, si tiene una conferencia por la tarde, en la mañana acude a la Fiscalía General de la República para avanzar en la investigación del caso de su madre. Es la segunda semana de la puesta en escena. Frente al gran espejo del camerino, ella y Shantal se maquillan. Durante un año, cuenta, viajó a la capital para trabajar en la obra.
En TLS llegaron al tema primero por su interés en los “vuelos de la muerte” ocurridos durante la dictadura militar argentina (1976-1983); después pensaron en cómo esta práctica criminal había tenido lugar en México. “Ellos me iban entrevistando en audio o en cámara”, recuerda Alicia. Ya conocían el caso de su madre cuando, en diciembre de 2024, fueron presentados por la periodista Marcela Turati, quien desde 2001 ha investigado la historia. “Ya para febrero estábamos sentados trabajando”, dice la historiadora.

Antes de entrar a escena, la historiadora se maquilla en el camerino del foro. (Luna Rondón)
“Las entrevistas fueron muy agotadoras porque ellos hacen un ejercicio que a mí me parece muy bien, que es el de siéntate y platica. Cuando me hablaban, era para preguntarme de mi investigación”. La obra es solo una pequeña parte del trabajo, ya que cuentan con un disco duro con todo el material reunido. “Se me empezó a complicar porque me sentaba y me decían: bueno, cuéntanos, Alicia, ¿cómo fue que te capturaron? Me quedaba viendo a Jorge: sí, sí, cuéntanos cómo te capturaron. Entonces íbamos recreando eso. En algún momento, en agosto, dijeron: vamos a ir a donde te capturaron”.
“Vallejo se convirtió para nosotros en un campo de exploración que hicimos juntos”, recuerda Moncada. “Hay una riqueza de material que nos daría para desarrollar otros capítulos o para hacer una deriva [de la obra] que pueda ser expuesta de otras maneras”
Su paso por la colonia incorpora nuevas pruebas. “Les compartí unos hallazgos”, cuenta Turati, “como el del taxista que quedó herido cuando atraparon a la mamá de Alicia, y también juntos hicimos el rastreo hasta que encontramos la vecindad donde la detuvieron en 1978”. Reconstruyeron la escena, grabaron testimonios. “Eso también ayudó al caso judicial de Alicia. Que haya testigos de la desaparición”.
“La verdad repara, y esta es una muestra de autorreparación que nos hemos autogestionado”, dice Alicia.
Los textos de la obra se basaron también en el archivo de más de veinte años de investigación de la familia De los Ríos Merino. En el expediente militar del caso, en diversos peritajes; es a partir de esa información que Alicia recrea en escena los que pudieron ser los últimos momentos de su madre en Pie de la Cuesta, antes de que fuera, en vuelos nocturnos, desaparecida en el mar.
“Nosotros estamos haciendo”, dice Turati, “lo que la justicia no hizo en todos estos años, como es el caso también de la Lista Apresa [que contiene una lista de posibles víctimas de ‘vuelos de la muerte’]; son iniciativas de sociedad civil, de gente a la que le interesa el tema de la justicia, pero no debería ser así”.
Afirma que en el sexenio pasado, durante el gobierno de López Obrador, se abrieron archivos, pero por un tiempo corto. “No duró lo que debería haber durado. No hubo total voluntad, ni se cumplieron las promesas hechas por Andrés Manuel. Y el Ejército sigue siendo todavía el gran obstáculo para encontrar la verdad”.
La voz de las familias
“Yo soy Jorge Manuel Pérez Mora. Soy el hermano menor de Enrique Pérez Mora, un militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre que muere en el 76”; así se presentó el tío de Alicia. En el tercer capítulo de la obra, “Oblatos”, se aborda la fuga del penal, el 22 de enero de 1976, del padre de Alicia junto con otros cinco guerrilleros. Alicia de los Ríos participó en esta operación armada; les ayudó a llegar al vehículo en el que escaparon, que ella manejó.

En la fuga de Oblatos, ocurrida en 1976, la militante de la LC23S conoció a quien sería su pareja y padre de su hija, Enrique Pérez Mora. (Luna Rondón)
En la segunda y la tercera función invitaron a subir al escenario a los tíos de Alicia: Luz María y Jorge Manuel Pérez Mora, ella de 73 años y él de 64, una de cabello corto y blanco, y el otro con la cabellera rizada. Viajaron desde Guadalajara, porque para Alicia y el equipo de producción era imprescindible que los familiares formaran parte de la obra. Y que el testimonio de otras voces y otros cuerpos ocuparan el escenario. La obra es, en muchos sentidos, un coro de voces. De voces vivas, aunque muchas hayan desaparecido: abogados, periodistas, familiares, antropólogos forenses, peritos, historiadores.
“Es muy impactante. No endulzaron nada la situación. Es una retrospectiva de una historia que llevamos cargando nosotros desde siempre”, comentó el tío de Alicia. “No nos dieron guion ni nada, es volver a un pasado que nunca dejas. Que vives día a día con eso y lo puedes expresar con la gente, con el público que asistió”.
Luz María, o Lucha, subió al escenario con un corazón tejido que le regalaron; para ella, es el corazón de su hermano: “Me impresionó mucho cuando sacaron su ropa, de Enrique, porque esa ropa yo fui a recogerla. Fue cuando lo hirieron [en Guadalajara, cuando] lo capturaron la segunda vez. Y yo fui al hospital por esa ropa. Me sigue impresionando, parece que fue ayer. Y vaya, ya son 50 años”. Lucha se reúne cada quince días con estudiantes, mujeres jóvenes, para bordar los nombres de personas desaparecidas como una forma de protesta. Igual que la obra: “Para mí, es una gran denuncia”.
La pieza teatral recuerda a jóvenes que se levantaron en armas, no por un afán de aventura, sino como respuesta a un “régimen que [les] cerró todas las puertas y ametralló las demandas populares”, como señala un texto proyectado en el escenario. “Hoy apostamos por hacer una lucha colectiva para crear márgenes dentro de lo legal, para que el Estado no tome la represión como respuesta a las demandas que se le están haciendo”, dijo el tío de Alicia. “No queremos la repetición de los años 70”.
“Claro que te mueve [la obra], y mucho”, agregó Lucha. “Porque vuelves a recordar otra vez todo. Vi mucha gente conmovida. Y muy ajena a ello. Te hacen sentir. Porque no es nada fácil. Mucha gente te comenta: pasa eso por algo o porque andaban en algo. Y la verdad, hasta que te llega, bueno, a nosotros nos llegó muy jóvenes, pero te llega y sientes. Vuelves a remover todo”.
Otros familiares de víctimas fueron invitados en distintas funciones a tomar la palabra. “Nosotros, los hijos e hijas [de personas desaparecidas], casi siempre nos denominamos hermanos. Entonces, él es mi hermano Paulo”, presentó Alicia.
“Paulo René Estrada Velázquez. Soy hijo de Otto René Estrada Illescas y sobrino de Julio Alberto Estrada Illescas, que fueron detenidos-desaparecidos en mayo y junio de 1984 por el sistema clandestino ilegal de inteligencia guatemalteco”. Paulo, que tiene tatuado en el brazo el rostro de su padre, vive exiliado en México; en 2022 llevaron ante la justicia a militares, policías y personal de inteligencia responsables de la desaparición de su padre y de su tío, y de otras 181 víctimas consignadas en el Diario militar.
Se tiene la sospecha de que su padre fue arrojado al mar en un “vuelo de la muerte” en Guatemala. “El buscar repara”, afirmó Paulo. “La búsqueda de nuestros familiares nos ha reparado al punto de que ahora nosotros accionamos y somos militantes, digamos, de la memoria. Somos militantes de la búsqueda, de la exigencia de justicia y de las reparaciones. Cuando haces activo tu dolor, te empuja a hacer. Y eso creo que deja este tipo de obras”.
En el coro de voces invitadas al escenario participó también Antonio Orozco Michel, último sobreviviente de la fuga del penal de Oblatos. Y tuvo un inesperado impacto, porque lo que se escuchó fueron las palabras de un guerrillero. Su presencia, junto con las de otras víctimas y familiares, dice Alicia, permite “que se escuchen voces que probablemente son, o disonantes, o abren otros caminos para entender la historia”.
Orozco Michel dijo “que no perdonaba que a sus compañeras insurgentes les quitaran la posibilidad de morir en combate”. Alicia piensa diferente: “Mi posición es que a ella [su madre] no le dieron el derecho a defenderse en los juzgados. Toño no, Toño es un combatiente. Son diferentes posiciones que nos pueden gustar o no. Se ve también una diversidad de perspectivas”.

El historiador Camilo Vicente Ovalle junto a la protagonista de la obra. (Luna Rondón)
La búsqueda de justicia
“Alicia anda por aquí, ¿no?”.
“Yo sí, acá, me estoy pintando. Ven a maquillarte, amigo”.
Quien busca a Alicia es Camilo Vicente Ovalle, historiador que ha investigado los “vuelos de la muerte”. En este tema ahonda el capítulo final de la obra, “Pie de la Cuesta”, el último lugar donde se vio a la madre de Alicia. Esa noche, el autor del libro [Tiempo suspendido], sobre la historia de la desaparición forzada en México, es invitado al escenario.
El investigador destaca la importancia de la obra desde el punto de vista histórico. “Yo creo que se está convirtiendo en un archivo sobre la desaparición, un archivo de la verdad”. El guion, el material documental consultado —una parte del cual se muestra en escena, como el croquis del lugar de ejecución de las víctimas de los “vuelos de la muerte”—, la creación videográfica, lo que representan el cuerpo y la voz de Alicia. “Estos elementos configuran un archivo que se pone en acto, en un proceso de esclarecimiento de la verdad, de exigencia de justicia”, señala.
El montaje, considera, puede servir como modelo para otros ejercicios similares. Un grupo de teatro articulado con el familiar para la exigencia de memoria y de justicia, subraya, producen una investigación de carácter histórico; el hecho de que no sea académica no la invalida. “Cuando se haga una revisión sobre los productos historiográficos, tendremos que incluir esta obra de teatro”.
Para Vicente Ovalle, otra aportación de la obra es que ofrece “una lectura escénica de la evidencia”. Y algo que la diferencia es la inclusión de la subjetividad de Alicia en el montaje.
El caso de Alicia de los Ríos, recuerda, está vinculado a una estructura de impunidad, y romperla “implica una acción política, no judicial”. Por eso considera esencial generar una opinión pública que ayude a fracturar ese andamiaje.
Para el abogado César Contreras, que lleva el litigio de Alicia de los Ríos desde el Centro Prodh y fue otro de los invitados al escenario, es importante divulgar la historia de los “vuelos de la muerte”, porque no es simplemente algo que pasó hace décadas. “Mientras siga sin haber verdad y justicia, sigue pasando el día de hoy”.
El 24 de junio de 2002, la familia de la militante y el Centro Prodh interpusieron una denuncia por desaparición forzada ante la recién creada Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp). Después de su disolución, la entonces Procuraduría General de la República tomó el caso; ahora se encuentra radicado en la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos Cometidos por Personas Indígenas y Afromexicanas y en Investigación de Delitos Sociales y Políticos del Pasado.
La Femospp clasificó el caso como privación ilegal de la libertad y abuso de autoridad, “delitos que para nada representan la naturaleza de los hechos y, por su penalidad, también son mucho menos graves que la desaparición”, explica Contreras. Fue en 2021 cuando lograron que se tipificara como desaparición forzada.
Con libros publicados, pódcast, participación en documentales, cartas en medios de comunicación, clases y cursos sobre historia oral y teoría de la historia, “Alicia no le tiene miedo a utilizar ninguna herramienta. Hizo de las preguntas que tenía de pequeña una vocación muy fuerte para poder encontrar conocimientos, vehículos para contar la historia, para encontrar la verdad, y lo que ella siempre dice: que su madre siempre dejó recados de cómo buscarla”, señala el abogado.
Contreras afirma que han pedido información al Ejército desde hace años: sobre los aviones Arava 201 —desde los cuales arrojaban personas al mar—, y la lista del personal del Segundo Batallón de la Policía Militar que, según las investigaciones, operaba los vuelos, pero les aseguran que dicha información no existe. “Cuando claramente sí la tienen, y esa negativa de entregarla sigue siendo desaparición forzada”.
“Quien tiene los recursos para buscar, millones y millones de pesos para realizar la investigación, es la Fiscalía General de la República, y no lo hace”, denuncia el abogado.
“La sociedad civil, las periodistas, los artistas, están poniendo su parte sobre la mesa [para encontrar la verdad]”, agrega. “¿Dónde está el gobierno poniendo la suya? Esa es una pregunta sobre la que también debemos reflexionar”.

Un aspecto de la escenografía de la pieza teatral, cuya última función es el domingo. (Luna Rondón)
Un mitin teatral
Alicia de los Ríos está lista. Una larga fila de personas espera para poder tomar sus asientos. Faltan unos minutos para comenzar la obra.
“Yo creo que quien venga, va a ver ese camino de hora veinte, que en realidad es de 48 años [su edad]. O más. Mi mamá es una mujer de 70 y pico de años”.
“Yo juego diciendo: voy a hacer un mitin al teatro”, dice Alicia. “Pero es un mitin que aprendí a hacer conviviendo con creadores. Hay denuncia, pero no deja de ser un trabajo montado desde el amor. Yo sigo diciendo: voy a hacer un mitin en el teatro, pero en realidad es una puesta en escena. Son las dos cosas”.
Para Contreras, el abogado, la obra es “una forma de vencer la inercia de la indolencia”.
“Demostrar que los ‘vuelos de la muerte’ no fueron una metáfora y orillar al Estado a reconocer que ese lugar no es solo una playa ni una base militar. Es una escena del crimen. Eso fue Pie de la Cuesta para mí”, afirma Alicia, ya en escena.
Encarnando a su madre, Alicia de los Ríos Merino dice:
“Me ordenan que mire para el frente y no hay ninguna cámara. Solo un fogonazo”.
“Pronto mi hija cumplirá dos años y nunca conocerá a sus padres. ¿Qué será de ella? ¿Vivirá con mi familia? ¿Será madre algún día? ¿Habremos cambiado al mundo?”.
**Foto de portada: Alicia de los Ríos trabajó durante un año con el equipo de Teatro Línea de Sombra. Fueron largas sesiones de entrevistas para documentar los hechos que se presentan en la obra. (Luna Rondón)
**Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo se presenta hasta el 15 de febrero en el foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500), el viernes a las 20:00 horas, y sábado y domingo a las 18:00 horas.
http://www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las dinámicas de la desaparición en México. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito del autor y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).
Periodista ibaguereña. Cursa Estudios Latinoamericanos en la UNAM. Integrante en 2025 de Corriente Alterna, la Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM. Forma parte de los colectivos Puerta Azul Galería en Colombia y degenere.poesiaclandestina en Ciudad de México. Ilustradora de libros usados y caras quietas.
Trabaja el periodismo y la escritura literaria. Cursa Estudios Latinoamericanos en la UNAM. Formó parte, en 2024, de Corriente Alterna, la Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM. Escribe crónicas, entrevistas y reportajes. Colabora con A dónde van los desaparecidos y Quinto Elemento Lab.