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La búsqueda de familiares de desaparecidos en Nuevo León

El horror y la ausencia se ubican a 32 kilómetros al noroeste de Monterrey. En el mapa, el sitio aparece nombrado como el ‘Ejido Las Abejas, de Salinas Victoria’, ahí, más de 300 mil restos óseos han sido encontrados desde 2011.

Por Yolanda Chio Peña*

El horror y la ausencia se ubican a 32 kilómetros al noroeste de Monterrey. En el mapa, el sitio aparece nombrado como el ‘Ejido Las Abejas, de Salinas Victoria’, ahí, más de 300 mil restos óseos han sido encontrados desde 2011. Es la fosa clandestina más grande de la que se tiene registro en Nuevo León, por años fue un centro de exterminio para grupos criminales. El número de restos encontrados continúa creciendo; son tantos, que tras ocho años de trabajo forense, se siguen buscando y encontrando pedazos de cuerpos humanos.

Es sábado 29 de octubre de 2016, miembros de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos (FUNDENL) -organización local de familiares de personas desaparecidas- se encuentran en el sitio para realizar un homenaje y despedida a quienes ahí fueron asesinados.

“Es necesario quitarle la verdad a los verdugos”, dice resuelta Leticia Hidalgo, mientras se recarga en una cruz blanca de hierro. Momentos antes la cruz fue incrustada en la tierra por ella y otras mujeres que también buscan a sus familiares desaparecidos. En la cruz blanca se lee: “En memoria a las víctimas de la violencia. FUNDENL”.

“En memoria a las víctimas de la violencia. FUNDENL”, se lee en la cruz blanca que familiares de desaparecidos colocaron en 2016 en el Ejido las Abejas, donde a la fecha se han localizado más 300 mil restos óseos. Foto: Yolanda Chio

Para llegar al campo de exterminio, es necesario atravesar la carretera que lleva a la comunidad de Colombia, zona concurrida por transportistas que desean llegar a Laredo, Texas, y posteriormente recorrer 3 kilómetros de terracería.

Los integrantes de FUNDENL realizan este recorrido en caravana; escoltados por dos camionetas de Fuerza Civil estatal. Al llegar a la brecha, el camino se torna más lento, unas piedras enormes impiden la circulación; la vasta vegetación obliga a circular en fila, el espacio para transitar es apenas de la anchura de un automóvil.

Esta de 2016 no es la primera ocasión que miembros de FUNDENL visitan el campo de exterminio en Las Abejas; la misma Letty ha estado tres veces en el lugar en busca de alguna pista sobre su hijo Roy Rivera, quien fue sustraído de su hogar la madrugada del 11 de enero de 2011 en San Nicolás de los Garza, Nuevo León; quienes se llevaron a su hijo de 18 años portaban chalecos bordados con las insignias de la Policía de Escobedo.

Pese a que la Comisión Nacional de Atención a Víctimas brindó facilidades a FUNDENL como las cuatro camionetas en las que viajaron, una ambulancia que los acompañará todo el recorrido debido a que varios familiares de desaparecidos tienen problemas de salud, así como las dos unidades de Fuerza Civil y una más con Policías Ministeriales, al llegar a Las Abejas, los familiares descubren que el lugar se encuentra misteriosamente resguardado.

“Esto no estaba, esto no estaba el miércoles”, reclama Letty en voz baja, tres días antes había estado en Las Abejas y no recuerda haber visto la cerca con alambre de púas, las cintas amarillas de precaución y dos papeles que indican que el sitio se encontraba resguardado desde el 28 de enero de 2015 por la Procuraduría, el escenario había sido recientemente manipulado.

Pese al disgusto, los familiares de desaparecidos no pararon, respetaron los sellos puestos algunas horas antes de su visita a las Abejas y comenzaron a trabajar en el homenaje que vienen preparando desde hace tiempo.

Primero, auxiliándose con el alambre de púas y la cinta de precaución, colocaron mantas con enormes fotografías cuidadosamente seleccionadas; son los rostros de los que anhelan encontrar, los rostros de sus desaparecidos.

Imágenes del memorial a los asesinados y desaparecidos en el campo de exterminio en el ejido Las Abejas, Nuevo León.
Foto: Yolanda Chío

Hay pocos hombres en el lugar. Las mujeres forman un equipo sin líder, en el que todas saben qué hacer y qué aportar. Han tenido que trabajar a contracorriente y solas, por lo que ahora agradecen tenerse unas a otras. Una toma un pico y otra una pala y comienzan a excavar. En pocos minutos, una enorme cruz queda clavada a la entrada del campo de exterminio.

Francisca Hernández no logra ver cómo se erige la cruz. Es la primera en usar los servicios médicos que acompañan a la caravana. Su hijo, Juan Carlos Treviño Hernández, fue uno de los desaparecidos cuyos restos fueron encontrados en Las Abejas.

A Francisca le entregaron tres fragmentos óseos que enterró y despidió lo mejor que pudo; con una pequeña sonrisa cuenta que en el funeral hubo mariachi, la música favorita de Juan Carlos.

En el transcurso de aquella semana de abril de 2011 en que Juan Carlos fue secuestrado, un total de 11 personas más fueron privadas de su libertad en la misma colonia de Monterrey donde el joven habitaba.

“Yo estoy ya más tranquila porque al menos sé el destino que tuvo mi hijo”, afirma Francisca entre lágrimas.

El Sacerdote José Manuel Guerrero Noyola, quien es conocido como el Padre Chema, y un aliado constante de FUNDENL se encuentra en el lugar. Agacha la cabeza y murmura oración tras oración.

Misa oficiada por el Sacerdote José Manuel Guerrero Noyola en el Ejido Las Abejas, Nuevo León.
Foto: Yolanda Chío

“Los gobernantes no han sabido hacer su trabajo, no han sabido cuidar a los ciudadanos,  representan esa complicidad, suponemos, entre autoridades y entre delincuentes, una complicidad que implica hacer silencio”, aseguró el sacerdote durante una breve homilía.

Solamente durante la misa, las mujeres de FUNDENL se permiten llorar.

Para finalizar la visita que marca la primera ocasión en la que ciudadanos realizan un homenaje en sitios en donde narcotraficantes ultimaban a sus víctimas, FUNDENL coloca pequeñas campanas de viento en el lugar, una idea que tomaron de la exposición “Animitas” de Christian Boltanski.

“Este lugar ahora lo volvemos mágico, ya que enlazamos desde hoy, la Tierra y el Cielo”, asegura Letty, al compás del tintineo de las campanas.

En caravana, esta vez un poco más lento y en total sigilo, FUNDENL regresa al centro de Monterrey tras el homenaje.

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FUNDENL nació en el 2012, cuando cuatro madres, entre ellas Letty, se conocieron mientras buscaban a sus hijos. Con los años, en el camino de la búsqueda de la verdad y la justicia, se les han unido más familiares de desaparecidos.

En el 2015, por primera vez salieron a campo; armadas con picos, palas y acompañadas de la organización civil de Coahuila “Víctimas por sus Derechos en Acción” (Grupo VIDA), miembros de FUNDENL realizaron la primera búsqueda de desaparecidos en el Estado de manera independiente.

En brechas y parajes inhabitados de la Carretera a Saltillo, buscaron alguna pista que los acercara a los ausentes.

Para conmemorar el aniversario de su primera salida a campo, FUNDENL decidió visitar el campo de exterminio en Las Abejas y realizar un homenaje y despedida a quienes ahí fueron asesinados y enterrados en fosas clandestinas.

“Este lugar ahora lo volvemos mágico, ya que enlazamos desde hoy, la Tierra y el Cielo”, asegura Letty, al compás del tintineo de las campanas.
Foto: Yolanda Chío

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En junio de 2011, elementos del Ejército Mexicano ubicaron un predio de 19.1 hectáreas en Las Abejas. Al indagar, dieron con restos óseos humanos. Cuando FUNDENL realizó su primera visita, se habían contabilizado cerca de 250 mil restos.

Hasta ése momento, habían logrado identificar a 42 personas, todas secuestradas en el 2011, gracias a las muestras de ADN recabadas. Entre los identificados estaban 11 policías del municipio de Apodaca.

En el 2012, FUNDENL y los Servicios Periciales del Estado, comenzaron a trabajar en el lugar. En un radio de un kilómetro, encontraron prendas de vestir, casquillos de diversos calibres y tambos de lámina.

De acuerdo a informes presentados por el equipo de periciales, los ultimados también fueron víctimas de tortura.

En mayo de 2016, la Procuraduría le informó a FUNDENL que la recolección de evidencia había terminado en el sitio, por lo que los miembros decidieron realizar un homenaje para los fallecidos en el lugar.

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El 22 de abril de 2018, mientras festejaba su cumpleaños, Carlos Anselmo Garza Sánchez fue víctima de desaparición forzada, sustraído de una finca en Salinas Victoria, en el Ejido 5 de Mayo, que se encuentra a 5.5 kilómetros de Las Abejas. FUNDENL apoyó a la familia del joven realizando una búsqueda de campo el 20 mayo; ése día, las mujeres encontraron un total de 2 mil 600 restos humanos, así como artículos personales, casquillos y balas.

Dos meses después, tras estudios periciales y genéticos, la Fiscalía de Nuevo León confirmó que los restos pertenecían al joven y al menos a otras dos personas.

“La zona sigue estando activa y con el mismo modo de operación”, añade Letty.

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Hasta febrero de 2019, se han analizado 2.36 hectáreas de las 19.1 que mide en total el predio en Las Abejas. El área de búsqueda se seleccionó a partir de indicios hallados en la zona.

De acuerdo a documentos obtenidos por medio de transparencia, en la zona se han encontrado 251 mil 122 restos óseos humanos, sin embargo, Letty indicó que temen que en la zona haya más restos que aún no han sido localizados.

“En febrero, nosotros en colaboración con la Fiscalía, acudimos para hacer vuelos de drones, de nosotras, para hacer un modelo ortofotografía, en el cual tomamos más de 600 fotografías  aéreas de todo el terreno para visualizar desde arriba donde podríamos identificar o predecir que pueden existir más restos humanos”, señaló.

El material ortofotográfico será entregado por FUNDENL a la Fiscalía, para poder lograr crear un mapa y una cuadrícula arqueológica y antropológica forense y así facilitar la búsqueda de restos humanos y su preservación.

De los restos encontrados en la zona, se ha logrado identificar a 48 personas; sin embargo, la Fiscalía cuenta con el registro de 98 muestras de ADN recolectadas en la zona.

“Ellos no analizan los 250 mil, sino que a discreción ellos dicen ‘éste si, éste no’, quizás por su tamaño, quizás por su textura, quizás porque le ven más posibilidades a unos… aún cuando cuentan con una base de datos de ADN de familiares de personas desaparecidas, esto quiere decir que faltan muchas, o sea miles de personas, en ir a dejar sus muestras de ADN, por eso no son identificadas tan rápidamente”, añade Letty.


*Yolanda Chio Peña nació en Ciudad Victoria, vive en Monterrey y no sabe dónde morirá. Estudió periodismo en el Tec de Monterrey y actualmente realiza otra Licenciatura en Seguridad Ciudadana en la Universidad de Guadalajara. Ha trabajado en periódicos como El Norte y ABC de Monterrey y El Diario de Ciudad Victoria. Bebe, fuma y lucha constantemente contra las hojas en blanco.