Diario de Campo

La verdad está enterrada en los cerros

Por Erika Lozano*

Este es el diario de una reportera que acompañó y fue testigo del crecimiento de esta familia llamada Brigada Nacional de Búsqueda. Entre ellas tratan de llenar la ausencia de quienes han sido arrebatados, mientras buscan entre cerros con machete, pala o pico en mano. Mientras claman en iglesias y hablan con niñas y niños sobre desaparición.

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Hay emociones que nos empujan desde el estómago y lo más profundo de nuestras tripas para salir a buscar, una movilización enorme que emana del cariño, del cuidado, del buen trato, pero también de una desesperación, frustración y dolor enormes. Hay sensaciones difíciles de narrar, de nombrar, de vivir, de entender. No podemos aceptar ni normalizar la violencia a la que se exponen las familias en búsqueda, ni el desgaste emocional por el que, parece, “tienen”, que pasar. Sin embargo, los niveles de violencia sistemática en nuestro país nos han orillado a eso.

Qué importante es tener un espacio de apoyo mutuo para la vida en un contexto así; eso es la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas.

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“Esto somos, una familia” dice Juan Carlos Trujillo al referirse al trabajo que realiza la Brigada y todas las personas que la conforman. La familia Trujillo Herrera ha sido un pilar fundamental en la creación de la Red de Enlaces Nacionales, conformada por más de 60 colectivos de familiares en búsqueda de todo el país, quienes a su vez agrupan la Brigada Nacional de Búsqueda. María Herrera, madre de Juan Carlos, busca a sus cuatro hijos, Salvador y Raúl, desaparecidos en Atoyac, Guerrero en 2008 y Luis Armando y Gustavo, desaparecidos en Poza Rica, Veracruz en 2010. Desde que inició su recorrido por distintos lugares de México junto al Movimiento por la paz en 2011, se ha organizado con tantas personas y compartido su dolor para transformarlo en cariño y fuerza para buscar. En 2013 crearon la organización “Familiares en Búsqueda María Herrera A.C.”.

“Ha sido una satisfacción en medio de tanto dolor poder enlazar a distintos colectivos en búsqueda, pero da tristeza saber que tanta gente está participando y acercándose para hacer más grande esta red porque sabemos lo que eso implica. Nosotros lo que queremos es detener esto, queremos que nadie más desaparezca. Necesitamos dar identidad a todas esas personas que estamos encontrando y no vamos a parar”, cuenta Doña Mary sobre el trabajo que han construido como Red de Enlaces Nacionales.

La Brigada ya ha pasado por Veracruz anteriormente en 2016, luego Sinaloa en 2017 y después Guerrero en 2019. Cada lugar tiene sus particularidades, no es lo mismo buscar en el norte cálido y seco que en la selva templada del sur. Las geografías son distintas, la coloración y humedad de la tierra es diferente.

También cambia la técnica con la que se desaparece a las personas y esto es algo que en los años recientes la prensa ha podido documentar gracias a la insistencia y trabajo de los colectivos de familiares. Hay lugares donde se encuentran cuerpos, osamentas, restos óseos. También hay lugares donde se intenta aniquilar toda posibilidad de rastro, de humanidad, se intenta “disolver” cualquier muestra de la existencia de alguien en el mundo. Lugares que se han ubicado en la región noreste del país, en el corredor que atraviesa Veracruz, Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.

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Colectivos de distintos estados del país recorren el norte de Veracruz en busca de pistas.
Foto: Erika Lozano

Amuletos, lonas con fotografías de sus familiares, fichas de búsqueda y collares con dijes, son algunas cosas que han traído las asistentes a la V Brigada Nacional de Búsqueda en Papantla, Veracruz. Han venido más de 200 integrantes de 74 colectivos de búsqueda de 21 estados del país y personas solidarias para pasar dos semanas del 7 al 22 de febrero de 2020 buscando a las personas desaparecidas en ese estado.

“¡Veracruz no está solo, venimos a apoyar!” corean mientras avanza una marcha en la comunidad de Coatzintla. Las y los brigadistas irrumpen en la cotidianidad de la zona norte de Veracruz y se adentran en comunidades, escuelas, calles, plazas, parques para compartir su mensaje de construcción de paz y buscar a sus seres queridos. Hay quienes se acercan con la brigada para pedir apoyo, pues también tienen un familiar desaparecido, algunas personas se enteran por la radio.

El desayuno se sirve a las 7 am en la Casa de la Iglesia de Papantla, donde habita la Brigada. Posteriormente, las y los brigadistas se dividen en los distintos ejes: búsqueda en campo, búsqueda en vida, búsqueda con comunidades de fe, búsqueda e intervención en comunidades escolares y de identificación, y se despliegan por distintas regiones del norte de Veracruz.

Visitan cárceles y hospitales para buscar información, comparten sus testimonios en misas y la gente les da una palabra de apoyo. En las escuelas lxs niñxs conocen sobre la desaparición gracias al trabajo de la Brigada Humanitaria de Paz Marabunta, quienes (entre muchas otras cosas) comparten arte y sonrisas, lxs pequeñxs esriben cartas de apoyo y cariño para las familias después de escuchar algunos testimonios.

Los colectivos de familiares se adentran a cerros, visitan lugares que años atrás fueron utilizados por grupos criminales para entrenar a jóvenes que mantenían en una situación de reclutamiento forzado. En ese tiempo las personas de la comunidad tenían prohibido desplazarse hacia ciertos lugares, Los Zetas tenían los terrenos tomados a sus anchas. “Ahorita está un poco tranquilo pero antes no podíamos ver carros nuevos acercarse porque nos daba miedo”, cuenta un poblador de esa zona cítrica del norte de Veracruz donde abundan los naranjales.

Brigadistas limpian los terrenos para poder rastrear. Foto: Erika Lozano

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Hay una sensación como de “llegar tarde”, platico con una compañera. ¿Cómo narrar, cómo contar los fragmentos de huesos calcinados y enterrados entre montículos de ceniza junto a un horno? Son preguntas que surgieron en nuestra visita al rancho conocido como La Gallera, un lugar que, creo, debería pensarse por sí mismo y encontrar una categoría para nombrarle, porque lo que ahí pasó no puede ser borrado por el tiempo, ni la negligencia, ni el olvido.

Es la quinta diligencia del colectivo Familiares en búsqueda María Herrera Poza Rica en La Gallera y siguen encontrando indicios. Gracias a personas que han compartido información saben que desde 2011 el predio fue tomado por criminales y utilizado para desaparecer personas.

“La primera vez que entramos encontramos seis cuerpos desmembrados (seis hombres y una mujer), después el cráneo de un niño y mucho fragmento de hueso quemado, luego encontramos otro cráneo, un maxilar y más huesos quemados(…)” Maricel Torres habla de las búsquedas que habían realizado anteriormente en el sitio, ella busca a su hijo Iván Eduardo, desaparecido por la policía intermunicipal el 25 de mayo de 2011 en Poza Rica, desde entonces ha dedicado su vida a buscarlo. Al principio estaba sola, lo buscó casa por casa, fue a rancherías, vio la omisión y desinterés de las autoridades y decidió hacer algo. Iván quiere ser antropólogo, ahora ella asiste a talleres y aprende sobre antropología para encontrarlo.

Maricel cuenta que la familia Trujillo Herrera les mostró el camino y cómo buscar, también han tenido el apoyo de algunas organizaciones de la sociedad civil. Se integraron como colectivo “Familiares en búsqueda María Herrera Poza Rica” y empezaron a ir a talleres y búsquedas. Habla de las dificultades para regresarle la identidad a quienes encuentran, aunque como colectivo han logrado identificar a algunas personas. En el predio La Gallera, cuando encontraron los cuerpos de seis personas cercenadas, lograron identificar al hermano de una compañera del colectivo, no por las autoridades, sino gracias a su tatuaje y ropa fue que su hermana supo que era él.

“Ya no estamos las mismas que cuando empezamos, una compañera murió de tristeza, también sufrimos un atentado donde nuestro compañero José de Jesús Gaona fue asesinado en 2016”, termina.

Después de los trabajos realizados en el predio La Gallera durante la V Brigada, los colectivos de familiares exigieron a las autoridades facilitar el personal suficiente para continuar durante el tiempo que sea necesario con los trabajos de levantamiento, resguardo e identificación de quienes fueron desaparecidas en ese lugar. “Para nosotras las familias estas cenizas son sagradas”, compartieron en un comunicado.

En el predio La Gallera se encontraron cientos de fragmentos de restos calcinados entre montículos de ceniza junto a un horno. Foto: Erika Lozano

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Reyna Barrera es como un árbol fuerte y con raíces profundas, una mujer septuagenaria a quien algunas compañeras de la Brigada llaman con cariño “abuela”. Ella busca a su hijo Luis Javier Hernández desaparecido desde el 20 de noviembre de 2011 y pertenece al colectivo Familiares en Búsqueda María Herrera Poza Rica. “La noche se me hizo larga, que no podía amanecer. Yo me sentía muy decaída y gracias a ellas yo reviví, ya estaba muerta yo. Gracias a ese colectivo estoy viva. Ahorita ya me siento bien, pero no así 100%”, cuenta. “Yo no quería hacer nada y así estuve por 6 años. Hasta que empecé a remover todo esto”. Un vecino le contó del colectivo de buscadoras y le dijo que habían hecho una marcha, Doña Reyna se acercó a ellas y ahí empezó su historia.

Hoy Reyna sube cerros, busca y encuentra personas desaparecidas con machete, pala o pico en mano. Ella, como tantas otras víctimas en este país, padeció de una parálisis facial que cada vez se aparece menos en su rostro, ella es un ejemplo para todas las asistentes a la Brigada.

Doña Licha también es parte del colectivo María Herrera Poza Rica, ella busca a su hijo Natan Jesús Hernández Gallegos desde febrero de 2018. Licha toma el micrófono durante una misa y grita desconsoladamente: “¡Natan! ¡Te necesito!”, sus compañeras la apapachan. Desde hace dos años no ha dejado de buscar, aunque también fue difícil en un inicio tomar la fuerza para hacerlo.

Un grupo de aproximadamente 30 familiares pasan todo un día observando fichas de personas no identificadas que han traído funcionarias del Servicio Médico Forense (Semefo) de Tuxpan, Veracruz. Ahí está Licha tomando nota y mirando con atención cada detalle de las personas que aparecen en esas fotos: tatuajes, cicatrices, señas particulares. Una comisión de documentación de la Brigada se organiza para sistematizar la información compartida por las funcionarias y dejar constancia de la negligencia con la que han realizado los levantamientos de personas en el norte del estado, además de la falta de seguimiento a protocolos.

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Para cerrar la Brigada nos encontramos frente al mural que se realizó en el centro de Poza Rica. “Para mí este mural tomó vida. Dos manos jalándose que significa a las madres y los familiares que se aferran a sacar a sus seres queridos que ya están bajo la tierra. Las raíces que se aferran, los diamantes hablan de que nuestros hijos que están bajo la tierra no son huesos, no son muertos, son tesoros, y por eso es tan importante porque estamos llevando a ese tesoro tan valioso a un descanso digno. Por eso se tomó la decisión de nombrar este mural “desenterrando la verdad”, porque eso es lo que vinimos a hacer a Poza Rica, desenterrar una verdad silenciosa a grito abierto”, cuenta Marité Valadez durante su presentación.

“Desenterrando la verdad”: Mural realizado por brigadistas. Foto: Erika Lozano

Las familias comparten una bendición para todas junto al “Árbol de la esperanza”, un lugar que los colectivos locales han resignificado y llenado de fotos, cartas, dibujos, para recordar que en México hay más de 60 mil personas desaparecidas. Avanza la última marcha de las y los brigadistas antes de volver a casa, caminamos a la plaza cívica de esa ciudad.

“Le decimos a las autoridades que vamos a evidenciar el trabajo que estén desempeñando, porque no es justo que tantos años de trabajo, de esfuerzo y de lucha, vayan a quedar tirados por la borda. Decirles a todos los colectivos que trabajaron para que esto fuera posible, que no nos cansemos, que no nos desanimemos. Hemos sido defraudados infinidad de veces, será difícil que el gobierno se gane nuestra confianza, pero vamos a seguir trabajando”, dice Doña Mary en el micrófono frente a funcionarios locales y federales, también está presente una comitiva de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La Brigada se moviliza por las calles del centro de Poza Rica. Foto: Erika Lozano
El árbol de la esperanza es un lugar de encuentro y memoria en el centro de Poza Rica.
Foto: Erika Lozano

Apostando por un trabajo a largo plazo, la V Brigada solicitó la construcción de un Mecanismo Extraordinario para la Zona Norte de Veracruz, donde colaboren: la Fiscalía General de la República (FGR), la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas (CNB), la Comisión Estatal de Búsqueda, la Fiscalía General de Justicia del Estado de Veracruz, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y la Comisión Estatal de Derechos Humanos y garanticen el seguimiento a los trabajos realizados por los colectivos.

Antes de despedirnos, la Orquesta Cumbia Gallito Buscadora (Marabunta) nos comparte las canciones que ensayaron durante los últimos días: “Una mañana he decidido que hay que luchar, que luchar, que luchar. Esta mañana he decidido que los vamos a buscar. No somos veinte, somos millones, ¡seremos más! ¡miles más! ¡Miles más! Hombro con hombro, unas con otras, construiremos la paz”… Las compañeras bailan y cantan esta versión personalizada de Bella Ciao, brincan, se toman de los brazos y dan vueltas. Las sonrisas no caben en sus rostros. Sigue la cumbia buscadora: “Ay, les vamos a buscar y les vamos a encontrar, usando la varilla, pico y pala, sí señor”. Las y los brigadistas se despiden así de Veracruz, apostando por la vida, el cariño, las risas. Tomando fuerzas y un respiro en medio de la tormenta para poderles traer a todxs de regreso a casa.

La Orquesta Cumbia Gallito Buscadora compartiendo sus éxitos “Hay que luchar” y “Cumbia buscadora”. Foto: Erika Lozano

* Reportera y documentalista independiente. Integrante del proyecto A dónde (lle)van (a) los desaparecidos. Forma parte del laboratorio de cine comunitario ‘Cine Too Lab’ en la sierra norte de Oaxaca. Su trabajo se adentra en la reconstrucción de la memoria de resistencias ante la guerra en México. Utiliza la documentación y la narrativa como formas de intervención política y apuesta por las historias colectivas.

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