El 22 de abril de 2012, la criminóloga Cinthya Mabel Pantoja de León y entonces trabajadora de la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas en Ciudad Victoria, desapareció en una diligencia en campo. Desde ese día, su madre no ha dejado de buscarla entre una inmesidad de omisiones gubernamentales.
Por Josefina de León, madre de Cinthya Mabel Pantoja De León
Hoy 22 de abril se cumplen 14 años de la desaparición de mi hija.
Catorce años que no solo marcan el tiempo de una ausencia, sino también el tiempo de una deuda del Estado mexicano con mi familia y con miles más.

La desaparición de personas en México no puede seguir siendo tratada como un dato estadístico ni como un expediente administrativo. Es una crisis humanitaria que interpela directamente a las instituciones encargadas de garantizar la vida, la seguridad y la justicia.
Durante estos años he transitado, como muchas otras familias, por rutas institucionales complejas, fragmentadas y, en ocasiones, profundamente deshumanizantes. He conocido de cerca los límites de un sistema que responde con lentitud, que diluye responsabilidades y que no siempre coloca a las víctimas en el centro.
Es necesario decirlo con claridad:
la ausencia de resultados no es solo una falla técnica, es una forma de violencia institucional.
No se trata únicamente de recursos insuficientes o de capacidades limitadas. Se trata también de voluntad política, de coordinación efectiva entre niveles de gobierno y de una comprensión real de la gravedad del fenómeno.
Las familias no deberíamos ser quienes impulsemos las búsquedas, quienes construyamos las rutas, quienes recordemos permanentemente al Estado sus obligaciones. Sin embargo, lo seguimos haciendo, porque la alternativa es el silencio, y el silencio es inaceptable.

A quienes hoy tienen la responsabilidad pública en materia de búsqueda, investigación y atención a víctimas:
este no es un llamado retórico. Es una exigencia legítima sustentada en derechos.
El derecho a la verdad.
El derecho a la justicia.
El derecho a ser buscadas y buscados con todos los recursos del Estado.
La desaparición de una persona no termina con el paso del tiempo. Se prolonga en cada día sin respuestas, en cada omisión, en cada decisión postergada.
Nombrar esta realidad no es confrontar por confrontar.
Es exigir que el Estado esté a la altura de su responsabilidad.
A 14 años, mi voz no se apaga.
Se transforma en exigencia, en memoria y en acción.
Porque mientras no sepamos dónde están,
México no puede hablar de justicia.
#DePieHastaEncontrarte
*Este texto fue publicado originalmente en el blog de Josefina de León Mendoza. Imagen de portada: Cinthya Mabel, cortesía de su mamá.