A donde van los desaparecidos

¿Qué puede hacer un hilo frente a la violencia?

Raúl Pelayo
julio 30, 2026
Compartir:

“Bordadoras: historias de dignidad” es una serie documental que recupera la complejidad de la actividad de bordado, que realizan familiares de personas desaparecidas en el estado de Coahuila. A través de una mirada a esta serie documental se reflexiona sobre la práctica del bordado más allá de la acción, como constructora de memoria y constructora de comunidad

Raúl Pelayo*

Una aguja atraviesa un lienzo de tela mientras del otro lado emerge un hilo rojo; apenas se distingue la silueta del bordado. No está formado el pétalo de una flor, ni los detalles de un paisaje: está escribiendo el nombre de alguien que sigue esperando ser encontrado.  Alrededor de este lienzo hay ruido citadino, silencios, conversaciones, risas, café, abrazos y personas que quizá no se conocían, personas que se acercan a bordar y otras que se van. Entre las miradas curiosas de la gente, una cámara de video enfoca fijamente cada detalle de la escena. Pretende capturar en fragmentos de video la materia prima para elaborar una serie documental. Un recurso visual que dé a conocer a las personas ajenas a este acto lo que piensa, siente y hace un familiar de una persona desaparecida. Un recurso que responda, o que intente responder, ¿Qué puede hacer un hilo frente a la violencia? ¿Por qué bordar cuando se busca a una persona desaparecida?

Esta escena tuvo lugar en la Plaza de Armas de Saltillo, Coahuila, una tarde de enero de 2025, en una de las muchas jornadas de bordado llevadas a cabo por Hilos del Corazón [1], un grupo de bordadoras integrado por colectivos de familiares de personas desaparecidas del noreste y centro del país [2]. Durante esa tarde, el grupo se instaló con mesas, sillas y herramientas de bordado en medio de la plaza, y colgó sus lienzos entre los árboles y jardineras del lugar. Los bordados no son piezas decorativas. Cada bordado reúne el nombre de una persona desaparecida, una consigna que refleja sus experiencias y luchas nacida de la búsqueda o el rostro de alguien cuya ausencia sigue marcando la vida de una familia. Sostenidos entre árboles y jardineras, esos fragmentos de tela transforman la plaza en un espacio de memoria.

Durante la jornada, un equipo de producción documental registra la actividad. Mientras una persona sostiene la cámara, otra entrevista a las bordadoras y familiares. El resultado de este registro sería Bordadoras: historias de dignidad, una serie documental que utiliza el bordado como punto de partida para explorar la memoria, la búsqueda y las redes de solidaridad construidas por las familias frente a la desaparición en un estado con más de 3600 personas desaparecidas[3]. 

Después de varias reuniones en 2024, las integrantes del colectivo decidieron documentar una actividad que desde hacía años ocupaba un lugar central en la búsqueda: el bordado. Más que una técnica artesanal, descubrieron que se había convertido en un espacio para conversar, compartir el duelo, fortalecer vínculos y construir comunidad. Lo más valioso del bordado no está únicamente en la pieza terminada, sino en todo aquello que sucede alrededor del hilo. 

El bordado ocupa un lugar importante entre las distintas formas con las que las víctimas de la violencia han construido memoria. A diferencia de una marcha, un plantón o un extenso comunicado, exige tiempo, paciencia y conversación. Mientras se borda, los familiares expresan sus sentimientos a quien les hace falta, de la búsqueda, del coraje, del miedo, pero también de la vida que existía antes de la desaparición. El bordado convierte una experiencia íntima en un acto colectivo y hace visible, en el espacio público, aquello que con frecuencia permanece oculto entre expedientes, cifras y discursos oficiales. 

Por eso, el bordado no solo es una práctica de los colectivos de familiares en Coahuila. El bordado ha tenido varias expresiones en los colectivos y agrupaciones que han sido víctimas de violencia, tanto en América Latina, como en México. Las arpilleras chilenas denunciaron la tortura y desapariciones en la época de la dictadura de Pinochet; las banderas Wiphalasen Perú, recordaban a las víctimas  y sobrevivientes de la represión política del gobierno Peruano; las Tejedoras de Mampuján,reconstruyeron la memoria del desplazamiento forzado; en Argentina, proyectos como Memoria DesBordada recuperan las historias de las víctimas de la última dictadura, y en México iniciativas como Bordando por la Paz, desde el 2011, demostraron que el bordado podía convertirse en una forma de protesta y de construcción de memoria colectiva. Aunque surgieron en contextos distintos, todas estas experiencias comparten una misma convicción: cuando las instituciones fracasan en preservar la memoria de las víctimas, son las comunidades quienes encuentran nuevas maneras de hacerlo. 

Las jornadas de Hilos del Corazón y demás colectivos en el país, forman parte de esa tradición. Cada bordado cuenta una historia personal, pero también reúne a familiares, voluntarios y personas que, sin haber vivido una desaparición en su propia familia, deciden sentarse a escuchar y acompañar. La memoria deja entonces de ser un ejercicio individual para convertirse en una práctica compartida. El bordado ubica el problema en el espacio público y crea un lugar donde las familias pueden transformar el dolor en organización, solidaridad y exigencia de justicia. 

Es precisamente esa dimensión la que recupera la serie documental Bordadoras: historias de dignidad. La serie no se detiene únicamente en el resultado final de los lienzos, sino en las relaciones que se tejen alrededor de ellos: las conversaciones, los aprendizajes compartidos, las alianzas entre colectivos y las formas en que el bordado fortalece una comunidad de búsqueda. Más que documentar una técnica artesanal, registra un proceso mediante el cual las familias producen memoria mientras continúan buscando a quienes faltan. 

Jornada de bordado. Cortesía.

Cada episodio revela una dimensión distinta de esta realidad y transita de lo individual a lo colectivo. Esa dimensión íntima de la memoria aparece en uno de los testimonios de Bordadoras. Juany, integrante de Familias Unidas en Búsqueda y Localización de Personas Desaparecidas (FAMUN), en Piedras Negras, comienza la historia de su bordado mucho antes de la desaparición de su hijo Jaime Eduardo Vega Rodríguez. Sus primeras puntadas hablan del embarazo, de la infancia, de los sueños de convertirse en futbolista, de su matrimonio y del nacimiento de sus hijos [4]. Sólo después llega la desaparición. Esta decisión rompe con la tendencia institucional de reducir a las personas desaparecidas a expedientes o estadísticas, recuperando su identidad, sus proyectos de vida y sus relaciones familiares. El bordado reconstruye una biografía y recuerda que, antes de convertirse en un caso, existía una persona con afectos, proyectos y una historia compartida con su familia, funcionando como un archivo que restituye la humanidad de quien falta [5]. 

Pero el hilo también une historias distintas. Uno de los momentos más significativos ocurre durante la conmemoración del 8 de marzo en Piedras Negras, donde los bordados acompañan la marcha y dialogan con las demandas del movimiento feminista local. La serie recoge el testimonio de Fabiola Vega, quien primero colaboró como voluntaria en FAMUN y más tarde participó en la organización de una colectiva feminista y de la marcha del 8M en la ciudad. Su experiencia muestra que la lucha por las personas desaparecidas y las demandas feministas no avanzan por caminos separados: ambas cuestionan las múltiples formas de violencia que atraviesan la vida de las mujeres y exigen verdad, memoria y justicia. El bordado se convierte así en un punto de encuentro entre movimientos que, aunque surgieron de experiencias distintas, comparten el propósito de disputar el espacio público frente al olvido. El resultado es un movimiento más amplio e interseccional, en el que la memoria, la búsqueda y la lucha feminista se retroalimentan para disputar el espacio público y cuestionar las respuestas insuficientes del Estado frente a la violencia [6].

Quizá la mayor aportación de Bordadoras: historias de dignidad, es que no pretende convencer al espectador de que un bordado resolverá la crisis de desapariciones o que detenga la violencia;  su apuesta es mostrar que, aunque el panorama es desolador, los familiares de personas desaparecidas siguen construyendo maneras de sostener la memoria de quienes faltan y de construir comunidad alrededor de la pérdida.  

Bordadoras se suma a los muchos proyectos de visibilización en donde los familiares de personas desaparecidas son los protagonistas en la construcción de nuevos significados sobre el pasado y la construcción de una memoria colectiva sobre las personas desaparecidas. La serie documental muestra cómo cada jornada de bordado reúne historias individuales que, al encontrarse, producen algo mayor: una memoria colectiva capaz de resistir al olvido. Tal vez esa sea la respuesta a la pregunta con la que inicia esta historia: frente a la violencia, un hilo puede parecer poca cosa. Pero cuando muchas manos lo sostienen al mismo tiempo, también puede convertirse en memoria, resistencia y esperanza. 

***

*Raúl Pelayo es Antropólogo social, miembro de GIASF, colabora con el colectivo Familias Unidas en la Búsqueda y Localización de Personas Desaparecidas de Piedras Negras, Coahuila. 

[1] https://www.facebook.com/Hilosdelcorazon1

[2] Entre estos se encuentran Familias Unidas en la Búsqueda y Localización de Personas Desaparecidas de Piedras Negras Coahuila, Rastreadores Nacionales de Personas Desaparecidas, Corazones Robados y bordadoras solidarias provenientes de Ciudad de México.

[3] La beca fue brindada por Puentes, una asociación civil latinoamericana que cuenta con la plataforma “Inspiratorio” que es un espacio de entrenamiento en poder narrativo en donde organizaciones y activistas de toda América Latina aprenden y practican a través de un modelo flexible de entrenamiento online (https://puentes.org/) .

[4] Actualmente Juni emprende junto a su hija la búsqueda de su nieto Edgar Eliud Pérez Vega desaparecido el 6 de marzo de 2025 en Nuevo Laredo, Tamaulipas (https://www.facebook.com/share/p/18rLYUSqn4/)

[5] Para saber más de este caso véase el capítulo “Bordados con memoria. La historia de Juany” de esta serie. 

[6] Véase el capítulo “Marcha en Piedras Negras por el día Internacional de la Mujer” de esta serie.  

Categorias:

Notas relacionadas

Discover more from A dónde van los desaparecidos

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading