A donde van los desaparecidos

Ayotzinapa: 46 grabados y textos contra el olvido

Especial
septiembre 23, 2026
Compartir:

El proyecto “Para emboscar al olvido: 43 + 3 Ayotzinapa” reúne 46 obras de Alfredo López Casanova y textos de diversos autores sobre los normalistas desaparecidos y asesinados en Iguala. Con la autorización de los creadores de la iniciativa, reproducimos cuatro grabados y las palabras que los acompañan

Especial / A dónde van los desaparecidos

A doce años de la desaparición de los normalistas en Iguala, el proyecto de memoria colectiva Para emboscar al olvido: 43 + 3 Ayotzinapa busca visibilizar la incesante lucha de sus padres y madres por encontrarlos, y su exigencia de verdad y justicia.

La iniciativa consiste en 46 grabados de los rostros de los normalistas desaparecidos y asesinados la noche del 26 de septiembre de 2014, elaborados en madera y trovicel por el artista Alfredo López Casanova, y acompañados de textos de escritores, periodistas, antropólogos, activistas, poetas y defensores de derechos humanos. 

Entre los participantes figuran Elena Poniatowska, María Baranda, Abel Barrera, Luisa Huertas, Beatriz Zalce, Alicia de los Ríos, Ricardo Yáñez, Alma Delia Murillo, Griselda Triana, Balbina Flores, Jorge Verástegui y Eduardo Vázquez Martín.

“Los grabados y textos aquí reunidos surgen del esfuerzo conjunto de más de 46 personas que se niegan a que el olvido sea un recurso para que la mentira y la impunidad reinen en silencio en los pasillos del poder”, dice un texto alusivo al proyecto, que es impulsado por las periodistas María Cortina y Blanche Petrich, y el autor de los grabados.

La iniciativa busca también evidenciar la falta de avances en la investigación y el “encubrimiento de los responsables”, según un comunicado, pues, como han denunciado las familias, el Ejército continúa ocultando información sobre lo ocurrido en Iguala.

El proyecto será expuesto este viernes 25 de septiembre, a las 18:00 horas, en el Café-Galería La Resistencia, ubicado en Cuba 34, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Se preparan nuevas exposiciones en Barcelona, París, Italia y Guadalajara.

Donde habita lo importante
Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, Churrito

En Ayotzinapa, a todos los conocimos por el apodo. Los apodos son una forma de hacer a alguien más nuestro, de renombrarte con algo que tu mamá y tu papá aún no sabían cuando naciste. Son un tipo de descubrimiento. Churrito te decían a ti, por tu lunar en el cuello. Pero te podrían haber puesto Lucero, porque te gustaba madrugar. 

A todos os tuve que conocer en vuestra ausencia. Ahora te puedo mirar a los ojos, esos que al dibujarlos miran lejos y se anclan en la convicción de que Guerrero es una tierra dura para muchas familias y comunidades, pero también tiene una fuerza para transformarla. En ese camino estabas. Sé que querías estudiar, como los demás, que buscaban un aprendizaje que estuviera al alcance de la mano, para devolver algo de lo que tu familia te había dado. 

Os he visto en las fotos de vuestros familiares entre las manos, en los afiches que han inundado las calles y que se guardan en los recuerdos, una y otra vez, porque hay ausencias que son un agujero y un tipo de presencia, que ahora el dibujo convierte en una pequeña victoria frente al olvido, entre tanta desidia y mentiras que se han ido acumulando en estos años, a pesar de las capas de la tragedia que han ido quitándose para ver el fondo de la historia. Dibujaros, escribiros, tal vez sea algo como lo que el poeta John Berger dice: acercar las orillas del desgarro. También es una forma de acompañar a vuestros familiares y su dignidad, que en estos años se ha hecho parte de nosotros. No estás solo, no estáis solos. Mirarte, miraros a los ojos en estas páginas compartidas, es una forma de ver ese fondo, donde están vuestros rostros, donde habita lo importante, que nos interpela. Y, aunque no tenemos todas las respuestas, seguimos empujando. Como tus ojos.

Carlos Martín Beristain, médico y doctor en psicología social, Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes

Un alma noble 
Israel Caballero Sánchez

Eres de Atliaca, Tixtla. A los 21 años enfrentaste la muerte de tu padre el 15 de agosto de 2014, y le prometiste convertirte en maestro de la normal. Ese mismo año, marcado por la agitación, fuiste maltratado, perseguido y desaparecido. Y te impidieron cumplir tu promesa.

También en el 2014 viste nacer a tu hija, a quien durante el poco tiempo que tuviste la quisiste proteger por ser muy “chiquita”. Dicen que eres protector con tus hermanos y que te gustan las bromas.

Quiero que sepas que tu mamá, Genoveva, luchó hasta el último segundo por encontrarte. Nunca desfalleció, siempre estuvo para ti. Hoy ni tu papá ni tu mamá están en esta tierra, pero desde donde se encuentren te estarán buscando. Tus ojos negros como el azabache transmiten fuerza, la misma que tuvo Genoveva para resistir más de diez años tu ausencia. Tu hija lleva doce años sin verte, pero estoy segura de que en cada fotografía y en cada historia busca la presencia de su papá. 

El que no estés no impide el tenerte, evocarte y recordarte. Para tus familiares y amigos, tu ausencia ha sido muy larga, pero quieren seguir en tu búsqueda porque anhelan encontrarte y saber qué clase de personas pueden respirar después de haberte alejado, a ti y a tus compañeros de la normal, tantos años. Todos aspiramos a que la justicia por fin se cumpla.

Yo no tuve la fortuna de conocerte, pero a través de lo que dicen tu familia y tus amigos he podido saber quién eres: querías ayudar a los demás. Con eso ya puede saber uno todo de una persona. Quien es capaz de ayudar a otro tiene un alma noble y un espíritu fuerte y generoso.

Ese 26 de septiembre estabas enfermo, pero no evadiste el llamado de tus compañeros para ser solidario y acompañarlos. Seguramente habrías estado listo para ir el 2 de octubre a México para mantener viva la memoria de la masacre de Tlatelolco. Quien pelea por la memoria tiene una conciencia clara de que las víctimas no pueden ser olvidadas.

El 26 de septiembre tenías 21 años, hoy 26 de septiembre de 2026 tienes 33. Qué bueno sería tener en Tixtla un maestro que fuera protector, bromista y amable, cuánto habrían aprendido esos estudiantes. “Aguirrito”: sigues presente y nunca permitiremos el olvido. Mientras las personas te nombremos y nos duela tu ausencia, existes.

Ángela Buitrago, abogada, exministra de Justicia de Colombia, Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes

Algún día estaremos todos juntos
Adán Abraján de la Cruz

“Adán es mi único hijo varón que tenía y el gobierno lo desapareció. Toda su infancia lo tuve siempre a mi lado; donde yo iba, él iba conmigo. Era mi mano derecha: me ayudaba a sembrar maíz, frijol, me ayudaba a cosechar”. (Bernabé Abraján Gaspar, papá de Adán).

“Quería ser maestro porque él trabajaba de peón, y a veces no había trabajo. Su papá le dijo pues que sí, que le echara ganas, que entrara y que nosotros lo íbamos a apoyar”. (Delfina de la Cruz Felipe, mamá de Adán).

“Desde que lo vi me gustó mucho. Tenía 18 años y Adán 15. En la prepa me dijo que si quería ser su novia y le dije que sí. Duramos un año y luego nos juntamos. Conservo todas sus cosas y su guitarra. Le gusta la música, las canciones románticas, los corridos. Su sueño es ser profesor, ir a lugares retirados, porque se necesitan maestros, como en la Montaña”. (Érica de la Cruz Pascual, esposa de Adán). 

“Cuando lo desaparecieron tuvimos que hacer de policía, de investigadores, salir a campo, porque el gobierno no hizo nada. Los fuimos a buscar a barandilla, a la cárcel. Ese día y el 28 estuvieron haciendo los conteos para ver quiénes faltaban: primero faltaban 65, se siguió llevando la cuenta hasta que vimos que faltaban 43, entre ellos, mi hijo”. (Bernabé).

“Esto es obra del gobierno. Ellos saben dónde están los muchachos. Porque el gobierno los mandó que los agarraran, porque fueron policías municipales y ministeriales. Es que no perdemos la fe porque ellos están vivos”. (Delfina).

“No es cierto que los hayan quemado, porque días después del 26 marqué el número telefónico de Adán y entraba la llamada. Tenía una grabación que decía ‘hola’. Cuando presentó Murillo la ‘verdad histórica’, dijo que fueron calcinados junto con sus pertenencias, pero el celular funcionaba. Ya no queremos mentiras históricas. Como le dijimos a Peña Nieto: queremos en la cárcel a todos los actores intelectuales. Cada vez que escuchamos ‘que ya se calmen porque fueron cremados’, nos duele mucho, es una más de las mentiras del gobierno”. (Érica).

“Hemos hecho de todo y nada funciona. Hemos ido con el presidente, con el fiscal, con la ONU, con cuanta autoridad existe, también le hemos rezado a todos los santos que nos dicen que hacen milagros. No hacemos pie, lo hemos abandonado todo, apenas recogimos las calabazas, pero no tenemos ya espíritu. Ni duermo en las noches y con dificultad pruebo bocado. Sale el sol y se pone el sol sin obtener respuesta”. (Delfina).

“Alyson, nuestra hija pequeña, me pregunta cada día por su papá. José Ángel sabe que los policías se lo llevaron. […] Ha bajado en sus calificaciones, se la pasa llorando, pregunta por su ‘papito’, le explico que por eso estamos luchando”. (Érica). “Nosotros estamos haciendo el esfuerzo de que ellos sigan estudiando”. (Bernabé).

“No se puede pensar en el futuro. Adán y yo nos íbamos a casar en diciembre de 2014, y ya no pudimos. Solo pienso que algún día estaremos todos juntos”. (Érica).*

*Trenzado coral de notas periodísticas: Running for Ayotzinapa, El Sur, Milenio, Desinformémonos, Siempre!, Somos el Medio, Tlachinollan, Cruce.

Marcela Turati, periodista

Ese rostro amoroso
Jorge Antonio Tizapa Legideño

Querido Jorge Antonio: Quisiera hablarte de tu mamá. Toda tu familia te ama y te busca, pero hoy quisiera contarte de tu mamá, Hilda. Ella me impresiona y me inspira como no tienes idea. La conocí hace casi doce años, en los primeros días de terror después del operativo policiaco-narco-militar que asesinó a seis personas, incluyendo a tres de tus compañeros, y los desapareció a ti y a tus cuarenta y dos compañeros. En esos días, la desesperación de todas las familias y de los estudiantes de la normal por encontrarlos era simplemente devastadora. Abarcaba todo. Entraba hasta los huesos. Luego agrégale el miedo al saber que quienes los desaparecieron, quienes torturaron, mutilaron y asesinaron a Julio César Mondragón Fontes, todavía andaban por ahí, armados, con uniforme, patrulla e impunidad. Y aun así, tu mamá salió a buscarte. Fue a la normal, a Iguala, a Chilpancingo, a la Ciudad de México. Yo la veía en la cancha techada de la normal, en las marchas, los plantones, las reuniones, las protestas, las presentaciones de documentales, libros, obras de arte. Nunca faltaba. Día tras día, año tras año. Nunca dejó ni ha dejado de buscarte. Tu mamá ha hablado ante el Congreso de la Unión, ¿sabes? Ha ido a la ONU, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a reunirse con el papa, a enfrentarse con presidentes desalmados, y a recorrer ciudades y pueblos, calles y callejones por todo el país. Ha leído y estudiado un sinfín de informes. Ha marchado cada 26 de mes en la Ciudad de México. Nunca se ha dejado engañar ni comprar, nunca se ha rendido ante el dolor innombrable de tu ausencia. Ella, con sus compañeras y compañeros padres de los 43, nunca ha dejado de buscarte. Siempre la saludo cuando la veo en las marchas. Ella podría parecer una persona tímida. Y tal vez, en cierto sentido, es así. Pero también es de las personas más valientes y decididas que conozco. Me siento tímido a su lado porque sé qué tan grande es su dignidad, su fuerza y su lucha. Quisiera decirle cuánto la admiro y la respeto, pero casi siempre solo la saludo, le doy la mano, a veces un abrazo, e intento decir, tal vez, algo de todo esto con la mirada. Ahora, Jorge, siento que esos abrazos para ella y sus compañeras y compañeros son más urgentes que nunca. La vileza del sistema que protege a quienes los desaparecieron no tiene fondo, ni tiene partido. Y el tiempo pesa. Ya van doce años y tres gobiernos que insisten en frustrar y amenazar a quienes investigan mientras producen una y otra vez cuentos fabricados, historietas de pacotilla mal disfrazadas de estudios científicos, todo, pareciera, con el afán de proteger al ejército y cerrar el caso. Pero tu mamá, con sus compañeras y compañeros padres de familia, no ha aceptado jamás ninguno de esos cuentos fabricados. Sé que ya lo sabes, no soy el primero en decírtelo, pero cuando veo tu rostro grabado en madera de inmediato me viene a la mente el rostro de tu mamá grabado en mi memoria, ese rostro amoroso, dolido y firme que, siempre acompañado con el retrato de tu rostro impreso en una lona, no para de buscarte. 

John Gibler, periodista

**Foto de portada: Imagen promocional del proyecto Para emboscar al olvido: 43 + 3 Ayotzinapa. (Cortesía)

www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las lógicas de la desaparición en México. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito de la persona autora y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).

Categorias:

Notas relacionadas

Descubre más de A dónde van los desaparecidos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continuar leyendo