A donde van los desaparecidos

Discapacidad y desaparición: ausencias empalmadas en la ruta migratoria mexicana

Samuel Fernando Rivera
octubre 8, 2026
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¿Qué existe en común entre una persona que regresa de la ruta migratoria con una discapacidad y una familia que lleva años buscando a un ser querido desaparecido? Aunque sus experiencias parecen distantes, ambas están atravesadas por la ausencia, la violencia y la necesidad de reconstruir la vida a partir de aquello que ya no está.

Samuel Fernando Rivera Andrade*

El 8 de marzo de 2015, un grupo de 18 hombres hondureños, de entre veinte y cuarenta años, protestaron frente al Senado de la República, en la Ciudad de México. El acto fue cubierto por algunos medios de comunicación nacionales y extranjeros[1], pero no por la cantidad de manifestantes —que habría pasado desapercibida en el ajetreo cotidiano de la urbe—, sino por la forma sui géneris de su protesta: todos los integrantes de la manifestación eran personas con discapacidad física, tenían una o más amputaciones en su cuerpo y habían decidido hacerlas visibles, mostrando sus prótesis y sus muñones usando shorts. Además, cada uno de estos hombres sostenía una cartulina amarilla con algún enunciado escrito como: “Nuestros sueños no han muerto”; “No más cacería porque parecemos animales de caza, respeto para los migrantes”; “No queremos más migrantes desaparecidos, secuestrados y mutilados”. 

En el 2018 tuve oportunidad de hablar con algunos de los participantes de aquella manifestación [2], quienes me contaron  que entre las razones que les permitieron constituirse como grupo, al que nombraron Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad (AMIREDIS), estaban tanto el pertenecer a la misma región del noroeste de Honduras (que alberga ciudades como San Pedro Sula y El Progreso) como el haber sido arropados por una de las organizaciones pioneras en la búsqueda de migrantes hondureños desaparecidos en México, el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Progreso, Yoro, Honduras (COFAMIPRO).

Desde su fundación en 1999, COFAMIPRO y su programa radiofónico “Sin Fronteras”[3] se convirtieron en un conducto que poco a poco permitió a los migrantes que retornaban con alguna discapacidad, derivada del inseguro tránsito por México, contactarse y coincidir entre sí. En  2008, una treintena de ellos fundaron la AMIREDIS. Transcurridos algunos años, los miembros de AMIREDIS fueron retomando saberes de la lucha política más longeva de COFAMIPRO, como la forma de organizarse, autofinanciarse, preparar consignas e investigar a qué políticos o funcionarios podrían dirigirse. 

A  su vez, las narraciones de abusos y violencia que vivieron los miembros de AMIREDIS en México –ocurridas antes, durante y después de sus amputaciones– daban constantes pistas de lo que los hijos/as o familiares desaparecidos pudieron haber experimentado: secuestros y castigos impuestos por las autoridades y el crimen organizado. Actos que iban desde arrojar a las personas que no tenían dinero para ser extorsionadas cuando el tren (popularmente conocido como La Bestia) estaba en movimiento y pasaba por zonas deshabitadas, hasta detenciones ilegales ejecutadas por agentes del Instituto Nacional de Migración, que podían extenderse por semanas, sin que a las personas se les permitiera contactar a familiares o amigos a pesar de estar gravemente lesionados. 

En la charla que sostuvimos en 2018,  José L., miembro de AMIREDIS, rememoró de esta forma el vínculo que habían construido con las fundadoras de COFAMIPRO

“Las madres [de migrantes desaparecidos integrantes de COFAMIPRO] nos dieron la mano cuando nos sentíamos más tristes. Vos sabés que regresar así, tunco [mutilado o con discapacidad], te hace sentir que el mundo se viene encima, como una carga, que ya fracasaste. Pero verlas a ellas, que no se rinden, te cambia el chip. ¿Me entendés? No se olvida lo que pasó. Perdimos algo que no vamos a poder reparar, ni con prótesis, pero ganamos a personas que nos comprendieron”. (Entrevista, julio 2018).   

Aunque madres, familiares de migrantes desaparecidos y las personas retornadas con discapacidad tejieron su relación desde diversas aristas,  identifico principalmente dos puntos de encuentro en común. Uno de ellos tiene su base en afrontar la ausencia, no como un derrumbe total del ser, sino como un lugar que necesita habitarse, encontrar las dependencias que asentaban sobre “lo que ya no se tiene” y, a partir de ello, hacer ajustes.

El segundo aparece precisamente al comenzar a habitar la ausencia, y con eso me refiero  al proceso de construcción de memoria, en el que se inserta la exigencia de no repetición que estos grupos comparten. Ambos han hecho lo posible para que los Estados (estadounidense, mexicano, hondureño, etc.) y otros actores involucrados tomen responsabilidades sobre lo que sucede en las rutas migratorias, una responsabilidad que podría evitar que otras personas pasen por el trago amargo que ellos y ellas conocen. 

Si bien la AMIREDIS dejó de existir como agrupación en el 2017 [4], en Tegucigalpa, Honduras, otro grupo de personas migrantes retornadas con discapacidad continuó fortaleciéndose y organizándose, formando: La Comisión Nacional de Apoyo a Migrantes Retornados con Discapacidad de Honduras (CONAMIREDIS). Esta se conformó desde el 2009 con apoyo de misioneras Scalabrinianas y la Pastoral de Movilidad Humana (PMH) y en la actualidad se mantiene como la única organización en Centroamérica que brinda asistencia a migrantes que retornan con discapacidad. 

Su génesis, a diferencia de AMIREDIS, no está vinculada de forma directa con los colectivos de búsqueda de migrantes desaparecidos, pero CONAMIREDIS a lo largo de 17 años, ha atendido múltiples casos que paralelamente se vinculan con temas de desaparición y no localización de personas migrantes que tienen discapacidad. Entre ellos, algunos casos donde menores de edad y personas adultas mayores con discapacidad son abandonadas por familiares en albergues mexicanos.  Estas experiencias han llevado a que en la actualidad la organización trabaje conjuntamente en la incidencia política con redes de mujeres y asociaciones de familiares de migrantes desaparecidos, por ejemplo, la organización civil  “Amor y Fe”. 

Las historias de quienes regresaron con una discapacidad y de quienes aún buscan a sus familiares desaparecidos muestran que la ausencia no significa necesariamente silencio o inmovilidad. Al contrario, puede convertirse en un lugar desde el cual construir memoria, tejer redes y exigir justicia. Sus organizaciones nos recuerdan que, frente a las violencias de las rutas migratorias, también se construyen formas de cuidado y resistencia que mantienen presentes a quienes faltan y buscan evitar que otras personas tengan que atravesar los mismos duelos. 

Referencias:

[1] Véase las notas digitales en las páginas de Milenio: https://www.milenio.com/estados/protestan-migrantes-hondurenos-en-el-senado, La Jornada: https://www.jornada.com.mx/2015/03/10/politica/006n1pol  o Los Angeles Times: https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2015-04-06/hoyla-els-protestan-migrantes-mutilados-por-la-bestia-en-el-senado-mexicano-20150406 

[2]En investigaciones previas he explicado cómo ha operado y se mantiene un entramado infraestructural-burocrático que produce lesiones y discapacidad a gran escala, para disuadir y desacelerar la movilidad humana —así como de dar cuenta de algunas formas en que las personas afectadas  reestructuran su vida.  En estos análisis, la desaparición de personas migrantes en México ha sido un tema subyacente.. Rivera-Andrade, S. (2026). Renqueando y haciendo ruta: Personas retornadas, refugiadas y migrantes que reestructuran su vida con alguna discapacidad suscitada durante el inseguro tránsito por México [Tesis doctoral, El Colegio de Michoacán]. Academia.edu.https://www.academia.edu/176474899/Renqueando_y_haciendo_ruta_Introducci%C3%B3n

[3] Actualmente llamado “Abriendo Fronteras” transmitido por Radio Progreso en la frecuencia 103.3 FM del Valle de Sula y Tegucigalpa.

[4]Parte de la decisión de separar AMIREDIS está vinculada a que una tercera parte de sus miembros fueron aceptados para iniciar un desgastante proceso de refugio en Estados Unidos, las otras dos terceras partes desistieron intentar el proceso y continuaron viviendo en Honduras. 

*Samuel Fernando Rivera Andrade es Doctor en Antropología Social por el Colegio de Michoacán, profesor de asignatura en la FCPyS de la UNAM y miembro del Grupo de Trabajo de Estudios Críticos en Discapacidad de CLACSO; intermitentemente realiza voluntariados en instituciones pro migrantes en México y Honduras.

El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador, estudiantes asociados a los proyectos del Grupo y personas columnistas invitadas . Las responsables de la misma son Erika Liliana López y Sandra Gerardo (Ver más: http://www.giasf.org)

La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición de adondevanlosdesaparecidos.org o de las personas que integran el GIASF

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