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Las desapariciones en Totolapan: Territorio silenciado por las violencias

Los territorios silenciados por las múltiples violencias que aquejan al país son incontables.

Por Irene Domínguez Beltrán / estudiante asociada al GIASF*

Los territorios silenciados por las múltiples violencias que aquejan al país son incontables, especialmente en cuestión de las desapariciones de personas. A pesar de ello, ha sido a través de las manifestaciones colectivas que las comunidades se han mantenido de pie y a la espera de que regresen sus familiares desaparecidos. Así sucede en el pueblo de San Miguel Totolapan, donde llevan más de una década acechados por grupos de la delincuencia organizada y donde la impunidad ha presidido hasta ahora*. 

En este pueblo, después de la presencia del crimen organizado, que se visibilizó más notoriamente en el año de 2008 aproximadamente, era impensable reportar las desapariciones con las autoridades municipales pues también estaban sometidas al mandato de los narcotraficantes, había claras complicidades, acuerdos o pactos. Las familias ni siquiera podían salir a preguntar o realizar las búsquedas inmediatas ya que eran vigiladas a todas horas por los halcones.

En un cierto periodo, principalmente del año 2013 a 2016 en el auge de la violencia, el poblado se percibía abandonado, solitario, silenciado, pues mucha población se desplazó a otros lugares; los que se quedaron mantenían las puertas cerradas, se paralizaban en el momento que escuchaban pasar las camionetas de los narcos que daban sus rondines y hablaban siempre en voz baja. Los “malos” (así les llamaban en el pueblo a la gente involucrada con el crimen organizado) llegaban a irrumpir en cualquier acto religioso que implicara reuniones colectivas, pero eso no impidió a la comunidad solidarizarse entre sí cuando las personas desaparecían. Aunque no podían emprender las búsquedas físicas por el terror en el que vivían, las y los totolapenses no dejaron de tejer el apoyo comunitario.

Las noticias de las desapariciones producto de “levantones”, secuestros o reclutamientos forzados efectuados por la delincuencia organizada, pasaban de voz en voz con la finalidad de que el pueblo se enterará y acompañará a los familiares de la persona desaparecida. En su hogar, ofrendaban un altar y ahí, los rezos se unían en petición de su aparición, las voces bajas enaltecían la intención y con los abrazos conspiraban la esperanza. Algunas veces, solicitaban misas en la iglesia principal de San Miguel Arcángel, en donde había mayor concurrencia y peregrinaban alrededor de ella hasta llegar a la casa de la familia afectada.

Altar para rosarios en San Miguel Totolapan, 2015. Foto: Irene Domínguez Beltrán

La fuerza de las oraciones parecía surgir efecto, así que el retorno de las personas desaparecidas no se extendía, a los pocos días volvían, pero inmediatamente huían del pueblo. A las personas que aún no aparecen, siguen esperándolas con el anhelo de que regresen por sí mismas, ya que existe la posibilidad de que las hayan reclutado en otro lugar, ya sea en los municipios aledaños o en cualquier parte del territorio mexicano.

En general, hasta ahora, en el municipio de San Miguel Totolapan, no se sabe públicamente si hay colectivos de familiares en búsqueda de personas desaparecidas o si alguien de manera individual lo haga. Lo cierto es que se han localizado fosas clandestinas en diversas localidades del municipio, que tienen registro periodístico; sin embargo, no se detalla la manera en la que fueron descubiertas. En las primeras dos se hallaron 17 cadáveres, en San Antonio de la Gavia, fechado en marzo de 2011. No es casualidad que en esa entidad se hallaran más restos ya que ahí radicaba el líder de “Los tequileros”, grupo criminal que tenía el control de la zona. Posteriormente, en octubre de 2015, develaron cinco cuerpos dentro de dos fosas, en Santa María de las Flores. En mayo de 2017, se encontraron otras dos fosas con siete cuerpos, en Agua Zarca. Dichos hallazgos, son claras señales de alerta, pues es muy probable que haya más fosas clandestinas en ese territorio poco explorado. 

Cabe mencionar, que el pueblo de San Miguel Totolapan, se encuentra ubicado en la región de tierra caliente en el estado de Guerrero, es uno de los territorios que cuenta con acceso carretero a la Sierra Madre del Sur, serranía que ha sido disputada por diversos grupos del crimen organizado debido a su ubicación estratégica, ideal para la siembra de amapola y marihuana. Su orografía ha sido el refugio no solamente de los grupos del crimen organizado sino también de los movimientos guerrilleros de los años 70’s.

En el estado de Guerrero, las desapariciones de personas han sido parte de la historia desde la guerra sucia, cuando fueron incorporadas a las estrategias militares para acabar con las guerrillas. Uno de los casos recientemente conocidos, es la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, que desató la movilización internacional para su búsqueda. Pese a ello, las instituciones gubernamentales no han dado resolución a los familiares, ni han obtenido respuestas favorables. Los mismos familiares de personas desaparecidas, organizadas en colectivos e individualidades, han emprendido Brigadas Nacionales de Búsquedas en distintos estados. Este año, por ejemplo, se llevó a cabo la cuarta brigada en el municipio de Huitzuco de Figueroa, Guerrero. 

Este panorama, muestra la carencia generalizada en materia de desapariciones y la desatención de las búsquedas, sobre todo, en los territorios que son invisibilizados con silencios forzosos, perpetuando la impunidad, como ocurre en el pueblo de San Miguel Totolapan, en el que la acción colectiva ha sido el único camino que les ha permitido soportar las heridas que dejan la ausencia de sus seres queridos. Hay una deuda urgente con las personas desaparecidos, que impliquen el acompañamiento de expertas y expertos sensibilizados, involucrándose en los diferentes procesos de búsquedas efectivas.


*La información etnográfica se retomó de la investigación de mi autoría “Terror y resistencias: las mujeres ante la violencia en San Miguel Totolapan, Guerrero”, ENAH, 2018.

*El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna, Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador y estudiantes asociados a los proyectos del Grupo (Ver más: www.giasf.org)

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