A donde van los desaparecidos

Una verdad que mire a los ojos

Carlos Martín Beristain
septiembre 24, 2026
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El 26 de septiembre, dice el autor, debería ser una fecha de conmemoración porque marcó la historia de México y permanece en la memoria colectiva, pero los aniversarios son reivindicados por las víctimas, no reconocidos por las autoridades

Por Carlos Martín Beristain para A dónde van los desaparecidos

Cada vez que alguien me pregunta cuántos años han pasado, repaso los números. Todos nos asombramos cuando recordamos, pensamos en el tiempo como un horizonte que se aleja. Para los familiares de los 43, el dolor de la ausencia es fresco, como si fuera apenas de ayer. 

Tal vez, mirando el tiempo de otra manera, se tenga conciencia de la urgencia de tener respuestas. Los días de primavera pasan rápido, las plantas crecen día a día. En el invierno, la naturaleza adormece sus procesos vitales y el tiempo se vuelve interminable. Doce años de invierno en sus vidas son entonces más de 40, desde ese otoño de 2014. 

Se trata de esclarecer no solo lo sucedido en unas horas de la noche del 26 de septiembre, sino los días en que se llevó a cabo y las semanas, los meses siguientes de ocultamiento, que han durado años, y han incluido avances en periodos de primavera en algunas ocasiones, pero también tiempos de parálisis e intentos de dar marcha atrás. Este caso tiene capas, una sobre otra, que hemos ido conociendo a veces poco a poco, otras a sobresaltos. Hay muchas visibles y reveladas. Otras que no se quieren ver. Otras aún bajo llave.

Las ausencias y memorias de la intimidad no saben de otros ciclos que el de los días y las noches, no se recuerdan una vez al año. Los aniversarios son momentos de conmemoración, pero para las familias son una reactualización de la pérdida, una conciencia de que no están, y la ausencia de una explicación clara de lo sucedido, de su destino y paradero. Y cada vez, es decir también hoy mismo, solo el amor por sus hijos y el coraje de la indignación le gana al peso de la indolencia.  

En Ruanda, abril sigue siendo el mes más cruel, 32 años después del genocidio que tuvo lugar en abril de 1994. El 11 de julio se conmemora la matanza de Srebrenica, y ahí se vuelve cada año. En México, hasta el 26 de septiembre, la memoria colectiva estaba fijada en el 2 de octubre de la masacre de Tlatelolco. Los aniversarios son reivindicados por las víctimas, pero no reconocidos por las autoridades, aunque el 26 de septiembre debería ser un tipo de conmemoración nacional, una fecha que cabalga sobre la memoria de México. Hay hechos traumáticos que marcan la historia colectiva, que requieren respuestas a la altura, no de saberlo todo, sino de la verdad de la honestidad. 

En doce años hemos visto anuncios y promesas de revelaciones que también son cíclicas cuando se aproxima el 26 de septiembre. Hemos publicado informes cuando teníamos las pruebas en la mano. Con el paso del tiempo, los tópicos sobre el caso vuelven e incluyen la antesala de nuevos descubrimientos. Para quien está atado a la tierra, al peso de los días, a la ausencia que se renueva, los anuncios al viento no traen su primavera, no incluyen una respuesta a sus demandas. Los campesinos saben de lo que hablo, las familias buscadoras se han hecho un hueco en nuestras vidas. Cuando ves los ejemplos de dignidad en sus hombros, en su caminata, en su pancarta, solo tienes palabras de reconocimiento. Han sufrido indolencia y mentiras, incluso infamias hace unos meses en un informe de una institución oficial cuando se acercaba el aniversario, respuestas falaces e intentos de ruptura, cansancios y muertes de familiares, de esos nombres que nos acompañan. Cuando quedó tumbada en septiembre de 2015 aquella verdad histórica construida para cerrar el caso, los papás y mamás nos dijeron: se nos ha quitado un peso de encima, el peso de la mentira. 

Aquel momento ya pasó, pero la convicción de que esa verdad existe y tiene efectos positivos a pesar de que duela, se quedó con nosotros. Una de sus peticiones desde el primer momento fue: dígannos siempre la verdad. La verdad que los padres y madres reclaman es una que no sea una narrativa, que no se escriba al dictado, que hable sola con las evidencias, que se le deje hablar. Que se base en hechos contrastados y verdades examinadas con independencia.  Que muestre las capas y no se deje cosas en el tintero. Una que se les diga mirándolos a los ojos.

Gracias a ellas y ellos, la memoria es una corriente de profundidad en la espuma de las noticias, es esa mar de fondo la que traerá peces a la mesa. Este sábado una marcha cruzará las calles y nos traerá un eco que queda tras las consignas y los silencios. Esa es la tarea de la conciencia para el día después. 

**Foto de portada: Este sábado habrá una nueva marcha para exigir verdad y justicia por Ayotzinapa. En la imagen, un momento del recorrido en 2021. (Paola Macedo/ObturadorMX)

www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las lógicas de la desaparición en México. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito de la persona autora y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).

Es médico y psicólogo vasco con amplia experiencia en atención psicosocial de víctimas en el mundo y como asesor de varias comisiones de la verdad en diversos países. Fue comisionado de la Comisión de la Verdad de Colombia entre 2018-2022, coordinó en 2026 el informe La Verdad del exilio sobre la criminalización y exilio en Guatemala, trabajó como consultor en la comisión internacional de búsqueda en Siria y formó parte del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) para el Caso Ayotzinapa.

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